Lucas 18:18–30:

18 Un hombre principal le preguntó, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? 19 Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios. 20 Los mandamientos sabes: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre. 21 Él dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. 22 Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. 23 Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico. 24 Al ver Jesús que se había entristecido mucho, dijo: !!Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! 25 Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. 26 Y los que oyeron esto dijeron: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? 27 Él les dijo: Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios. 28 Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado nuestras posesiones y te hemos seguido. 29 Y él les dijo: De cierto os digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, 30 que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna.

Introducción

Bien Mars Hill. Oigan, ¿en cuál libro de la Biblia creen que estamos? Si son nuevos, estamos en Lucas. Hemos estado en Lucas varios años. Sabíamos que el arrebatamiento no sucedería. Todavía tenemos personas que alcanzar, iglesias que plantar, cosas que hacer, niños que engendrar. Estamos haciendo muchos trabajos. Por eso escogimos un libro largo de la Biblia, sabiendo que con seguridad tendríamos bastante tiempo para estudiarlo de principio a fin. Hoy estamos en Lucas 18:18-30 donde Jesús habla de la idolatría, el dinero, y de lo cómico.

La idea principal es esta: todos tienen algo que enseñarnos, todos tienen algo que enseñarnos si somos humildes para aprender y discernimiento para averiguar cuál es la lección. Hay personas que entran en nuestra vida y nos sirven de ejemplo positivo ya que por la gracia de Dios y la sabiduría que disfrutan tienen grandes lecciones que enseñarnos. Con otras personas, no son positivas sino negativas. Lo que hacen es nacido de la locura, no en la sabiduría. Como resultado podemos aprender indirectamente mediante sus trágicas decisiones y experiencias. Lucas nos enseña de esta manera, dejándonos oír furtivamente las conversaciones y ver las relaciones que Jesús tuvo con varias personas. Hoy veremos a Jesús llevar una conversación con un rico prominente, y aprenderemos indirectamente, mediante el pecado de este hombre, su idolatría, su insensatez, y su tristeza.

Lo leeremos todo y después desglosaremos las tres ideas principales. Lucas 18:18-30, «Y cierto hombre prominente le preguntó, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le respondió: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo uno, Dios. Tú sabes los mandamientos: “No cometas adulterio, no mates, no hurtes, no des falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre”. Y él dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. Cuando Jesús oyó esto, le dijo: Te falta todavía una cosa; vende todo lo que tienes, y reparte entre los pobres, y tendrás tesoro en los cielos; y ven, sígueme. Pero al oír esto, se puso muy triste, pues era sumamente rico. Mirándolo Jesús, dijo: ¡Qué difícil es que entren en el reino de Dios los que tienen riquezas! Porque es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de Dios. Los que oyeron esto, dijeron: ¿Y quién podrá salvarse? Y Él respondió: Lo imposible para los hombres, es posible para Dios. Y Pedro dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido Entonces Él les dijo: En verdad os digo: no hay nadie que haya dejado casa, o mujer, o hermanos, o padres o hijos por la causa del reino de Dios, que no reciba muchas veces más en este tiempo y en el siglo venidero, la vida eterna».

El soberano rico

Aquí tenemos a un hombre, y esto es lo que sabemos de él, es un hombre prominente, y es rico. Es rico y poderoso, dos cosas que todos aspiramos tener hasta cierto punto. Si alguien viene y me dice, «Le gustaría ser poderoso, o quedarse sin poder? Prefiero ser poderoso. ¿Quiere ser rico o pobre? Quiero ser rico. Ha logrado el éxito. Es la clase de hombre, en esos días y en nuestros días, admirado por muchos. «Qué hombre tan exitoso. Miren cuánto ha logrado en su vida». Es la clase de persona que se volvió una celebridad, se hizo famoso, la gente lo admiraba, y quería ser como él.

De pronto lo vemos conversando con Jesús. En esa conversación él revela su opinión de sí mismo. Viene a Jesús y le pregunta algo que no es una mala pregunta, pero es una pregunta mal hecha. No pregunta, «Jesús, qué experiencia debo tener para recibir o heredar la vida eterna?». No, le dice, «Señor Jesús, ¿qué haré para heredar o recibir la vida eterna?». Su pregunta es básicamente, «¿Cómo puedo salvarme a mí mismo? ¿Cómo puedo salvarme? Qué obra religiosa, qué suma de dinero debo dar, qué peregrinaje sagrado debo hacer con devoción para que además de todos los logros fabulosos que he hecho en mi vida para que pueda añadir a mi currículum vitae: “Se salvó a sí mismo. Merecía ganarse su salvación. Fue agradable a los ojos de Dios”».

Empieza con arrogancia, sin humildad; y de entrada no viene a Jesús con las manos vacías a recibir el don de la salvación. Viene con las manos llenas de sus propios logros y le pregunta a Jesús qué más puede hacer para demostrar lo fantástico y digno que es. Esa es la opinión que tiene de sí mismo. Porque Jesús dice, «A ver, empecemos con los Diez Mandamientos». Hay 613 mandamientos tan solo en los primeros cinco libros del Antiguo Testamento. Están resumidos en Éxodo 20, en los Diez Mandamientos. Entonces Jesús cita algunos: No matarás, no robarás, no mentirás, honra a tu padre y a tu madre. Jesús hace un recorrido por algunos de los mandamientos. Y el hombre dice, «Pues, ya me los sé. Menos mal que los he guardado todos desde mi niñez». Y lo que está diciendo básicamente es: «No soy perfecto, pero casi lo soy. No es que no haya pecado, pero algunos podrían pensarlo. Así de cerca estoy».

Jesus no es un buen hombre, es el hombre-Dios

¿Qué opina de Jesús? Piensa que Jesús es un buen maestro, esas fueron las palabras que usó. Algunos de Uds., quisieran poner a Jesús en esa categoría, ‘un buen maestro.’ Muchas personas lo hacen, muchas religiones, filosofías, y grupos espirituales ponen a Jesús en la categoría de un buen maestro. Como Mahatma Gandhi o Martin Luther King, Jr. o Abraham Lincoln, o la Madre Teresa o como George Washington. Es un buen maestro. Es un buen maestro. Vivió una vida buena. Ayudó a la gente. Es un ejemplo fabuloso. No es Salvador, sino un ejemplo.

Y este hombre mira a Jesús y le dice: «Eres un buen maestro muy bueno». Y Jesús le reprende como nos reprendería a nosotros. Amigos, no hagan eso, no hagan lo que hizo este hombre. No traten de reducir a Jesús a algo que no es. Jesús es un buen maestro, es el maestro más excelente y extraordinario de la historia del mundo. Pero es mucho más que un buen maestro. También es Dios hecho hombre Y Jesús le dice, «No me llames bueno a menos que pienses que soy Dios porque solamente Dios es completamente bueno».

Tendemos a pensar en escalas que van de una persona muy mala hasta una persona muy buena. Y en alguna parte de esa escala hay personas que son muy malas, otras son bastante malas, otras son mediocres, otras que a veces son malas, unas que no son tan malas, otras son relativamente buenas, y otras son muy buenas. Y mira a Jesús y le dice, «Eres bueno». Y Jesús le dice, «Solo Dios es bueno». Porque Dios está en una categoría aparte. Dios no tiene una escala variable que va desde muy malo hasta muy bueno. Dios solo tiene dos categorías, pecador, y sin pecado. Dos categorías. Jesús dice: «La única persona en esta categoría de no tener ningún pecado, o sea la categoría de los que de veras son buenos, es Dios. Por lo tanto, no digas que soy bueno a menos que creas que soy Dios». Solo Jesucristo no tiene pecado. Está en una categoría aparte.

Y esta es la idea principal. Jesús no es el mejor entre nosotros. No es el más alto exponente de todos los seres humanos. No es el que más logros ha hecho en nuestra categoría. Está en una categoría aparte. No es solo un buen hombre, es el hombre-Dios. No solo vivió una vida buena, vivió una vida sin pecado. No es que sea mejor que la mayoría de las personas, Él es único y perfecto. Jesús asevera fuertemente, y lo hace para que no caigamos en el mismo trágico error del joven rico. Algunos de Uds. cometerían ese error. Quieren poner a Jesús en la categoría de uno de los mejores de entre nosotros, un maestro fabuloso, un ejemplo moral. Y Jesús dice, «No admito que me categoricen de esa manera». O soy Dios, o no lo soy, pero no me falten al respeto, no me deshonren, no me desprecien con solo llamarme un buen maestro. No soy como un filósofo profeta en una universidad. He venido a expiar los pecados del mundo no solo a darles unas perogrulladas moralistas bien buenas». Entonces están conversando. Y su pregunta es, «¿Qué haré para salvarme a mí mismo?». Si hubiera acudido a cualquier otro líder religioso y no a Jesús, le hubiera dado una respuesta muy distinta. Le hubiera dicho, «Haga esto, no haga aquello; obedezca, sea generoso, haga un peregrinaje sagrado a un lugar santo, haga estas cosas y podrá salvarse usted mismo».

La idolatría del corazón

Jesús no tiene esa clase de conversación con él. En cambio, Jesús centra la conversación en la idolatría que es el primero de nuestros tres temas principales. La idolatría. Entonces Jesús le dice, «Tú sabes los mandamientos. No cometas adulterio, no mates, no hurtes, no des falso testimonio, honra a u padre y a tu madre. ¿Qué hay de los Diez Mandamientos?». Y el hombre le dice, «Todo esto lo he guardado desde mi juventud. Los he guardados desde mi juventud». Y continuando, Jesús le dijo, «Te falta todavía una cosa». Jesús señala el aspecto más importante de los mandamientos de Dios. Algunos de Uds. dirán, «Nunca he robado». ¿Pero han codiciado, o se han puesto celosos o mezquinos, o amargos, cuando alguien tiene algo que ustedes no tienen? Entonces son culpables en su corazón. Si dicen, «Nunca he adulterado», En Mateo 5 Jesús dijo «Si miran a una mujer para codiciarla en su corazón han adulterado intencionalmente». A Dios le importa lo que hacemos, pero también le importan nuestros motivos. Aquí Jesús ve el corazón y la mente de este joven, así como ve nuestro corazón y nuestra mente. Y Jesús dice, «Externamente has guardado los Diez Mandamientos, pero no has guardado el espíritu de los mandamientos. No has guardado la esencia de los mandamientos». Es como un tipo que dice, «Saco a mi señora una noche por semana». Sí, pero no la ama y ella lo sabe. Y Ud. marca la casilla de haber cumplido su deber, pero sin ningún compromiso emocional.

Esta es la clave de los Diez Mandamientos. Martín Lutero, uno de los más grandes pensadores de la historia del mundo, tiene unas perspectivas que nos ayudan bastante a entender los Diez Mandamientos. Los menciona en lugares como en su «Catecismo de Heidelberg», donde dice que «en realidad hay dos mandamientos y después hay implicaciones y aplicaciones de esos dos mandamientos». «Los dos mandamientos son estos…», dice Martín Lutero acertadamente, y repito, estamos hablando desde el punto de vista de Jesús que aquí menciona casi la mitad de los Diez Mandamientos. «El primer mandamiento es que existe un solo Dios. El segundo es que debemos adorar a ese Dios únicamente. Martin Lutero determina correctamente que si obedecemos los primeros dos mandamientos, no desobedeceremos los otros. Esto es de suma importancia para nuestro método de consejería aquí en Mars Hill. Queremos aconsejar como lo hace Jesús . Porque si Jesús entrara hoy a la oficina de un psicólogo moral que basa su terapia en el comportamiento, el consejero le diría, «Cuénteme de su vida». Pues mi negocio va muy bien. No tengo ninguna adicción. No tengo ningún pecado sexual. No tengo problemas con el juego. Gozo de buena salud. Soy muy rico y poderoso». El consejero diría, «No creo que necesite seguir haciéndome la consulta. Tiene una vida fabulosa. No tiene adicciones. No tiene tendencias pecaminosas, malvadas, y destructivas. No le hace daño a nadie. Es más, Ud. debería ser el consejero».

La idolatría es adorar el dios mal

Porque hoy en día evaluamos a las personas por su comportamiento moral externo. Si no se portan bien, procuramos cambiar su comportamiento. Sin embargo, aquí Jesús no trata de cambiar el comportamiento de este hombre, sino de cambiar su dios. Por lo tanto es algo mucho más profundo. Sí, el hombre no tiene adicciones y tendencias, pero adora al dios equivocado, que es un problema más grande.

Los Diez Mandamientos funcionan de esta manera: Si uno comete adulterio, el problema no es sexual, el problema es que adora al dios equivocado. Está adorando el sexo, el placer, o la conveniencia. A consecuencia de adorar el dios equivocado uno comete un acto de adoración idólatra. Si uno come más de la cuenta, es un glotón, pero su problema no es la comida ni la glotonería, su problema es la adoración y la idolatría. Adora la comida. Al sentirse triste, se consuela con la comida. Al sentirse feliz, se regocija con la comida. Al hacer algo bien, se premia con la comida. Todo es un acto de adoración. Entonces la comida es idolatría. Su dios es su estómago, como dice Pablo en el Nuevo Testamento. Su problema no es la comida, su problema no es la nevera, su problema es la adoración; su problema es ese ídolo que tiene. Si uno adora a Dios, no adorará la comida. Si adora a Dios, no adorará el sexo. Si pierde los estribos, se pone violento, se enoja, se vuelve mezquino y acaba matando a alguien, puede que su problema no sea el enojo. Tiene un problema de adoración. Puede que su problema sea de control. Su problema podría ser el egoísmo. Su problema podría ser que adora el enojo. Lo atiza, le da pábulo, se conmisera, y con la amargura le da poder.

Podría mirar a alguien y decirle, «Quisiera cambiar su comportamiento. Así que le daremos unos principios para que controle su enojo; cosa que podría ayudarle. Aparte de eso, lo único que podríamos hacer por Ud. es cambiar su ídolo. Entonces, oh, qué maravilla, ya no adora el enojo, sino el control. Y como ahora adora el control, no supera su enojo. Oh, cómo le parece. Ha intercambiado ídolos, pero al menos encontró un ídolo que preferimos los demás». Aquí es donde Juan Calvino dijo correctamente que el corazón humano es una fábrica de ídolos. Intercambiamos un ídolo por otro, o elegimos un ídolo para controlar al otro ídolo. Sin embargo, al final no se trata de modificar el comportamiento. Se trata de cambiar la adoración. De eso se trata. Entonces Jesús le dice, «Encontremos su ídolo. No analicemos su comportamiento». Algunos de ustedes al venir a este sitio dirán, «Siento que soy una persona bastante buena. No tengo graves problemas de comportamiento; no estoy fuera de control». Y yo les diría, «Entonces levantemos la piedra del orgullo. Puede que haya algo ahí debajo». Pero es más, la pregunta es si para Ud. existe un solo Dios y si le adora a Él únicamente, porque el dios de este hombre era él mismo, ese es el dios al que la mayoría de nosotros adoramos. «Vean todo el éxito que tengo. Vean todos mis logros. Vean mis posesiones. Vean todo lo que he hecho. Vean mi verdadera identidad. Soy maravilloso». Todo lo hacía para su propia gloria, no para la gloria de Dios; toda su vida se la pasaba glorificándose a sí mismo, sin dar honra al Dios que lo hizo. Es un idólatra. También idolatra su posición social y su éxito. Su posición social y su éxito.

Una buena cosa que se hace una cosa de idolatría

Así que hablemos un poco de la idolatría. La idolatría por lo general es algo bueno que se convierte en algo que tratamos como un dios. Casi siempre la idolatría es algo bueno, pero que está mal ubicado. Empieza como algo que el Señor nos da, y luego empieza a funcionar como un señor sustituto. Se vuelve la persona, la cosa, la experiencia, la posesión, el logro, más importante que tenemos en la vida. Se convierte en algo central, preeminente, primordial. Así es como adoramos a los ídolos; en realidad pasa esto. Todos adoramos. En todo momento. Fuimos creados como adoradores. Adoramos continuamente y sin tregua. Siempre estamos invirtiendo nuestra vida en alguien o en algo esencial, central, preeminente, y prominente para nosotros. Por lo general es algo bueno. Los actos de adoración son sacrificios. Sacrificamos nuestro tiempo, nuestra salud, nuestro dinero. Negamos una cosa por idolatrar a la otra. La verdad acerca de los ídolos es que ellos mienten. Prometen algo que al final solo el reino de Dios puede darnos. Aquí es donde Jesús cambia el tema de la conversación al reino de Dios. Dice, «Si te despojas de tus ídolos, te prometo que lo que buscas solo podrá satisfacerte en el reino de Dios». Este hombre adoraba sus posesiones. ¿Por qué? Porque le daba cierta posición social.

Jesús dice, «Despójate de tu ídolo, y déjame darte una posición social en el cielo que dura para siempre». Adoraba su éxito. Y Jesús le dice, «No se trata del éxito. Se trata de Dios que te ama y de adopta y te cuida, así que quita ese ídolo que tienes y recibe el amor de Dios». Los ídolos nos mienten. Nos dan una identidad. «Soy hermosa. Soy inteligente. Soy chistoso. Tengo éxito. Realmente no me importa». Todas esas son identidades. Los ídolos quieren darnos consuelo, paz, seguridad, significado, valía, propósito, diversión, identidad, comunidad. Y mienten porque prometen mucho y nos dan poco. Este hombre se adora a sí mismo y se interesa por su posición social, su comodidad, su conveniencia. Y cuando Jesús lo mira y le dice, «Crees que de pronto transgrediste alguno de los Diez Mandamientos?» No creo que lo haya hecho. Bien, entonces vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres. Puedes tenerme a mí como tu más grande tesoro o puedes quedarte con todas tus cosas y tu nivel de vida. ¿Estás dispuesto a vivir en una casa más pequeña, a tener un estilo de vida más sencillo, a reducir tus gastos, para seguirme a mí, tu Dios sin hogar? Y dice que el hombre se fue muy triste porque era muy rico. Jesús encontró su ídolo.

¿Hay algo o alguien que le impida seguir a Jesús? ¿A qué se aferraría para apartarse de Jesús, contristado porque su ídolo fue descubierto? Permítanme decirles esto. A menudo no sabemos cuál es nuestro ídolo hasta que encaramos la posibilidad de perderlo. Algunos de Uds. dirán, «No tengo ningún ídolo». Puede que sí. De hecho, diría que sí lo tiene. Pero como su ídolo está seguro y protegido, no está consciente de que sea un ídolo. Pero tan pronto se presenta la posibilidad de perderlo, ahí es cuando todo cambia. Esa era la situación en la vida de este hombre.

Viene a Jesús y le dice, «No tengo pecado, y no tengo ninguna idolatría que motive mi pecado». Pero Jesús le dice, «Entonces, dame tus cosas. O mejor dicho, véndelo todo y dale la plata a los pobres». Sería lo mismo que decir hoy, «Vende tu carro, tu ropa, tu tecnología, tus muebles, y ponlos en eBay, o anúncialos en Craigslist, y dale todo el dinero a una persona pobre. Dáselo todo a unas madres solteras para ayudarles. Reduce tu nivel de vida. Aumenta el nivel de tus donaciones. Toma el bus. Vende tu carro. Sígueme». ¿Cuántos de Uds. dirían, «Sí, eso sería difícil». Algunos de Uds. dirán, «No, podría regalar casi todas mis cosas, pero hay un par de cosas que, usted sabe, si la casa se incendiara, no las dejaría. No me importa perder lo demás». Entonces seguramente ahí está su ídolo.

Los ídolos consumen y matan

Permítanme hablarles un poco de sus ídolos.

Primero: Al ir detrás de los ídolos, estos consumen nuestra vida. Se convierten en algo que nos consume completamente porque los ídolos necesitan ser adorados como Dios, y reemplazan a Dios. Por eso algunas personas no pueden dejar de trabajar, no pueden dejar de comer, no pueden dejar de tomar, no pueden dejar el juego, o nunca pueden ser solteros, siempre tienen que estar en una relación. Es algo que nos consume completamente.

Segundo: Muchos tratamos de manipular a Dios para que nos dé nuestro ídolo. Hay teologías, inclusive, que enseñan esto. ¿Está en la quiebra, desea ser rico, y adora el dinero? Venga a nuestra iglesia, venga a Jesús. Jesús es dador de ídolos. Enriquece a la gente. ¿Cierto? ¿Está enfermo, desea ser saludable? Pues venga a Jesús, y Él le dará salud. Es el que da los ídolos. ¿Está soltero, quiere casarse? Camine con Jesús, Él está obligado a darle no solo un cónyuge sino un cónyuge fantástico. ¿Lucha con la infertilidad? ¿De veras desea tener un hijo? ¿Sabe qué? Jesús promete que si camina con Él fielmente y le ora sinceramente, y cree en Él con todo su corazón, le dará un hijo. Por lo general un ídolo es algo bueno que se convierte en un dios, y tratamos de manipular al Dios verdadero, pero no podemos manipularlo para que nos dé nuestro ídolo.

Tercero: Si conseguimos nuestro ídolo, nos obsesionamos por guardarlo y conservarlo. Como el estudiante que adora su promedio académico. Siempre tiene que sacar las mejores notas. Lo consume ese deseo. No tiene amigos. No tiene trabajo. No tiene tiempo para la iglesia. ¿Por qué? Porque quiere sacar las mejores notas. «Adoro el éxito, los logros, alcanzar lo máximo». Eso lo consume. «Dios por favor ayúdame. Dios por favor permíteme. Dios, por favor asísteme. Lo logré. Saqué las calificaciones más altas. ¡Viva!». Pero ahora está obsesionado con mantener las mismas notas. Ahora tiene que sacar las notas más altas el próximo trimestre porque su identidad y su justicia están ligadas a su promedio académico. Lo mismo con una madre. ¿Es bueno o malo tener un hijo? Lo vimos la semana pasada. Es algo bueno. Los niños son una bendición. ¿Un hijo puede convertirse en un ídolo? Primero debe tener un hijo, debe quedar embarazada. Los niños son una bendición. Pero la infertilidad, los abortos espontáneos, no solo son muy dolorosos, son devastadores. De pronto se siente muy enojada con Dios. «Dios, ¿cómo pudiste permitir esto? ¿’Cómo te atreves? Me quitaste el ídolo», sea un hijo o un cónyuge.

Los que estaban ahí presentes, incluyendo a Pedro, intercambian el ídolo del dinero por el ídolo de la familia. Déjenme decirles que estos son los dos ídolos más populares y con frecuencia luchan entre sí. Por eso papá no puede volver a casa porque adora el dinero y tiene que mantener a la familia puesta sobre el altar para sacrificarlos al dios del ascenso en el trabajo. Después viene Pedro y dice, «Vendimos nuestras casas, bajamos nuestro nivel de vida. Algunos de nuestros familiares piensan que estamos locos». Está exponiendo su ídolo. «Jesús, amamos muchisisísimo a nuestras familias. Por favor dinos que no estamos siguiéndote de balde». Al conseguir su ídolo, se obsesiona por guardarlo. Por fin se casa. Se obsesiona tanto con una persona que acaba ahogando esa relación. Le nace un hijo, y empieza a controlarlo tanto por miedo, que acaba destruyendo a ese niño, o el niño crece y se va de la casa y el matrimonio se desmorona. ¿Por qué? Porque el ídolo se fue. Y la mamá y el papá adoraban a ese hijo. Vivían por ese hijo. Trabajaban por ese hijo. Iban a la iglesia por ese hijo. Se quedaron casados por ese hijo. Y cuando el hijo se fue, se acabó el matrimonio.

Por eso es que los matrimonios tienen crisis y agotamientos y colapsos. Algunos de Uds., los mayores, ya lo están sintiendo. Algunos de Uds. son menores y sus padres lo están viviendo. Oiga, ¿Qué pasó? «Todo estaba bien. Oh, pero se fue el ídolo». Porque ante todo, los ídolos nos consumen la vida cuando vamos tras ellos. Segundo, hasta queremos que Dios nos conceda nuestro ídolo. Tercero, si conseguimos nuestro ídolo, nos obsesionamos con guardarlo. Cuarto, si perdemos nuestro ídolo, nos sentimos deshechos y destruidos. No solo nos sentimos entristecidos, asolados, destruidos, sino que también nos sentimos así con Dios. «¿Cómo te atreves? Te llevaste mi tesoro». Y Jesús le dice aquí a este hombre, «Regala tu tesoro». Y el hombre le dice, «Eso me entristece mucho». Y Jesús básicamente le dice, «Pues yo también me siento triste porque se supone que yo soy tu tesoro». Miren, debemos tener un tesoro, pero ese tesoro debe ser Jesús. Debemos adorar un tesoro, pero ese tesoro debe ser Jesús.

Si idolatras una cosa, demonizas la otra

Esta es la verdad. Jonathan Edwards lo dijo en su libro, The Nature of True Virtue (La índole de la verdadera virtud). Uno de los teólogos más grandes de los Estados Unidos. Dice, «Ocurre lo siguiente, si idolatramos una cosa, satanizamos o condenamos la otra». Por ende, si idolatra su cónyuge, es solo cuestión de tiempo para que se desilusione porque su cónyuge no es un buen dios. Si idolatra sus hijos, si idolatra una relación amorosa, si idolatra su trabajo, si idolatra su hogar, si idolatra su carro, si idolatra su nivel de vida, si idolatra la paz, la comodidad, la seguridad, si idolatra la diversión y el placer, en últimas lo decepcionarán, porque los ídolos, ¿qué? Los ídolos mienten. Terminará satanizándolos. Odiará a su cónyuge. Odiará a sus hijos. Odiará su trabajo. Odiará todo lo que lo haya decepcionado. El problema no son las cosas, el problema está en nuestro corazón porque adoramos algo o alguien que no es Dios, y después queremos destruirlo cuando nos decepciona en vez de arrepentirnos por convertir algo bueno en un dios.

Esta es la difícil conversación que Jesús tuvo con este hombre. El hombre viene sonriendo, «Jesús, qué gusto conocerte. Oí que eres un buen maestro». Jesús le dice, «¿Estás guardando los Diez Mandamientos?». «Ya que quiero salvarme a mí mismo, y quiero agradar a Dios, quiero una vida más moral, más sumisa, más obediente, con gusto te diré que he guardado todos los Diez Mandamientos desde que era un niñito. Mi vida es fabulosa. ¿Quieres ver mi carro? ¿Quieres ver mi casa? ¿Quieres ver mis amigos? Estoy muy agradecido con Dios por la vida que me ha dado». Entonces vende tus cosas. «Oh, ahora estoy muy triste porque me estás pidiendo que llegue manejando un carro destartalado o que coja el bus. Al verme la gente me despreciará. Y si no puedo vivir en esa casa, tendré que buscar una más pequeña. Tendré que juntarme con personas de otra clase social. Me gusta mucho la comida que como y las bebidas que tomo, y me parece que me estás pidiendo demasiado. Después de todo, he trabajado duro y logrado muchas cosas, y me parece que lo merezco». Y Jesús le dice, «Yo o tus cosas. No puedes tener ambas. Escoge lo uno o lo otro». Y el tipo dice, «Qué tal eso, suerte con esa idea. Tan cómico. Eres un hombre sin techo, ¿cómo me vas a entender?».

Donde esté tu dinero, allí estará tu corazón también

¿Jesús es su tesoro? Ahora pasemos al dinero. Una de las formas más seguras de encontrar su ídolo es ver cómo maneja el dinero, ¿no es cierto? Porque donde pone su dinero, dice Jesús en otra parte, ahí está su corazón. Por lo tanto no podemos decir, «Amo al Señor, pero no le doy nada. Amo a mi familia, pero no les doy de comer». ¿No es así? Amo a las madres solteras y siento compasión por ellas. Pero es que necesito una lancha de pesca, y necesito aprender a jugar golf, y necesito herramientas en mi garaje y necesito un televisor de pantalla plana, mejor dicho, me encantan esas cosas. Es que no tengo dinero de sobra. Quiero que nadie lo sepa. No me juzgues. No conoces mi corazón». No, sí conozco tu corazón porque sé cómo gastas tu dinero. Como manejas el dinero revela lo que hay en tu corazón.

Un par de cosas. Si quieren seguir su ídolo, o mejor dicho, encontrar su ídolo, vean cómo manejan su dinero, segundo, todo el mundo cree que son pobres y que todos los demás son ricos. He conocido muchas personas. Casi todos los que conozco piensan que cuando la Biblia dice que alguien es rico se trata de alguien más rico que ellos. Y cuando habla de los pobres, se refiere a ellos precisamente. Entonces piensan, «Oh, sí. Los ricos. Claro, siempre los ricos. Sí, yo veo Robin Hood, voto por los demócratas, estoy de acuerdo con Jesús, reprendan a los ricos. Sí, odio a los ricos. Reprendan a los ricos». Todo el mundo piensa que los demás son ricos. ¿Y saben qué? Alguien piensa que Uds. son ricos. Si conocemos a alguien, pensaría que somos ricos. «¿Qué es eso? Un inodoro. ¿Qué es eso? Está conectado a la cañería. Increíble. ¿A donde va todo eso? A otra parte. ¿No tienen que vivir con eso? No. Es asombroso. ¿Le gustaría algo de comer? Sí, ¿qué es esa caja llena de comida? La llamamos nevera. Vaya. ¿Gustaría sentarse en la silla y ver televisión? Sus pinturas hablan. Es asombroso. Y las puede colgar. Y ni siquiera tiene que pararse. Pueden hacer estoy aquello… es fascinante. ¿Le gustaría comer pizza? ¿Qué es una pizza? Un joven adolescente la traerá en carro hasta la casa. Ni siquiera tenemos que pararnos. ¿En serio? Pensé que yo súper rico. Está oscureciendo afuera, es hora de acostarnos». No tenemos que acostarnos. Tenemos luz eléctrica. Uy. Por arte de magia. Es asombroso. Si no le gusta estar aquí, podemos ir a otra parte en carro, o montarnos en un avión. Es un asiento en el cielo. Fantástico. ¿Saben qué, amigos? En su día puede que haya sido rico, pero no fue nada comparado a lo que disfrutamos hoy. En la historia del mundo, nosotros somos los ricos. En la tierra en este momento, somos los ricos. El problema de salud más grande que tenemos es la obesidad. Eso nunca fue un gran problema, ¿no es cierto? Nunca hubo un grupo de personas con tanta comida y con tan poco espacio para contenerla, y nos estamos muriendo por comer Milk Duds y Chicles. Somos personas que comen hasta reventarse, como aquella parodia de Monty Python, ¿cierto? Es decir, somos los ricos. Vayan a un país tercermundista. Somos los ricos. Somos los ricos. Así que al leer esta historia, no digan: «Sí, sí, me encanta cuando reprende a los ricos». Antes deberíamos decir, «Está bien, Jesús, levanto la mano, soy rico. Alguien en algún lugar piensa que soy rico».

Para nosotros es un problema subyacente. Alexis de Tocqueville era un sociólogo, un observador de culturas que estuvo en los Estados Unidos de América hace mucho tiempo. Hizo unas observaciones brillantes que han pasado la prueba del tiempo. Dijo, «El amor por las riquezas debe exponerse ya sea como principio o como móvil complementario y base de todo lo que hacen los estadounidenses». Vino a Estados Unidos y dijo, «Entiendo a los estadounidenses. Para ellos lo principal es el dinero. Todo lo que hacen tiene que ver con el dinero». No es solo el dinero, sino la comodidad, la seguridad, la identidad, y la clase de comunidad que les permite comprar. El dinero lo es todo. Por eso es que las palabras de Jesús son eternas para nosotros, y son simultáneamente oportunas. Casi el 25% de las enseñanzas de Jesús tratan del dinero, las finanzas, las riquezas, y las posesiones. Sigue hablando del tema porque seguimos sin entenderlo. Entonces aquí vuelve a reiterarlo.

Permítanme decirles unas cosas sobre el dinero. Primero, para que su ídolo sea el dinero, no necesita ser rico. Uno puede ser pobre y estar obsesionado, consumido por el dinero, jugando la lotería, los juegos de azar, haciendo inversiones insensatas, tratando de enriquecerse rápidamente, haciendo cosas ilegales para ganar más dinero. Siempre piensan en el dinero, se preocupan por el dinero, no son generosos con el dinero, codician el dinero de los demás. No necesita ser rico para que el dinero sea su ídolo. Sencillamente no necesita ser rico para que el dinero sea su ídolo. Jesús no está diciendo aquí, «Todos tienen que venderlo todo porque entre menos tienen, más cerca están de Dios». No estamos hablando del ascetismo. En el ascetismo todo lo físico es malo. Todo lo espiritual es bueno. Por lo tanto desháganse de todo lo físico. Eso viene del dualismo platónico de la antigua filosofía griega. No proviene de lo que enseña la Biblia. Santiago dice que toda dádiva buena proviene de Dios. Qué hubiera pasado si este hombre hubiera dicho, «Bien, Jesús, tienes razón. Venderé todo y se lo daré a los pobres». No lo sé, puede que Jesús se lo haya permitido porque era su ídolo; era un asunto entre él y Dios.

Hay que tener Jesús como tu tesoro

Cualquier cosa que esté entre usted y Dios necesita quitarla del medio. Sea lo que sea para Ud., el Espíritu Santo se lo puede señalar. En mi caso sé de qué se trata. Para cada uno de nosotros es algo diferente. Para algunos es el dinero. Para otros es, «Siempre tengo que estar en una relación con alguien». Para algunos es, «Necesito cierta clase de trabajo, cierta clase de carro, para que cuando lo maneje todos piensen que soy cierta clase de persona. Por eso trabajo tiempo extra y descuido a mi familia, y mi salud, para manejar mi carro, y todos piensen que soy alguien que en realidad no soy». Sea lo que sea que se interpone entre Ud. y seguir a Jesús, o sea, el punto principal de la historia, tiene que deshacerse de él. Entonces puede que Jesús le diga, Necesito que pongas todas tus cosas en Craigslist, o en eBay, que regales todo tu dinero, que hagas recortes, que simplifiques, y me sigas». Quizás le hubiera permitido hacer eso. O quizás lo hubiera mirado como Abraham miró a Isaac cuando iba sacrificarlo y le dijo: «¿Sabes qué? Ahora que vemos lo que tienes en tu corazón, no necesitas hacer eso. No se trata de las cosas, se trata de mí y que yo sea tu tesoro». No sé qué le pudo haber dicho.

Pero a Ud. ¿qué le está diciendo? Qué no les permite seguir a Jesús fielmente, de todo corazón, constantemente? ¿Qué es? Desháganse de eso. Si dicen que no pueden porque es un ídolo, y dicen, «No puedo deshacerme de él porque estoy casado con él o lo di a luz», está bien. Entonces necesitan ponerlos en su respectivo lugar. Necesitan que Jesús sea su tesoro, y ellos tienen que ser un don que Él les da, pero no un dios que Uds. adoran. Esto es lo que la Biblia dice acerca del dinero, las riquezas, las finanzas, y las posesiones. Dice mucho. No puedo entrar en detalles. Si quieren, tal vez lo más fácil sería leer el libro de Proverbios que trata solo la sabiduría práctica. Al leer proverbios, verán cosas acerca de ahorrar, gastar, invertir, el dinero, y la mayordomía. Con un lapicero, sencillamente pongan el signo de dólar junto a esos versículos. Al leer Proverbios completamente y dirán: «Oh, aquí están. Aquí mismo están».

Lo que dices la Biblia sobre el dinero

La Biblia dice que debemos trabajar duro y honestamente por nuestro dinero, pero que no seamos ladrones. La Biblia dice también que ante todo debemos diezmar. No necesariamente un porcentaje. 2 Corintios 9:7 dice que demos, «Con alegría, con regularidad, con sacrificio, las primicias de lo que ganamos». Eso quiere decir que al Señor le da de su ingreso bruto, no del neto. Le da al Señor, es generoso y agradecido con el Señor y la causa del evangelio. La Biblia dice que también gastemos. Así es, paguen por el lugar donde viven y por algo que comer, y asimismo, paguen sus cuentas. Tienen que vivir. Eso está bien. No se sientan culpables por eso. La Biblia también dice que ahorremos dinero. ¿Saben por qué? Porque vendrán tiempos difíciles, y su carro dejará de funcionar, se enfermarán, o los despedirán del trabajo. Así que ahorren. La Biblia también dice que invirtamos, que pensemos a largo plazo porque el hombre sabio deja una herencia para los hijos de sus hijos, como dice Proverbios. Entonces dirán: «¿Cómo puedo invertir mi dinero para que les deje algo a mis hijos, a mis nietos, y a mis bisnietos? ¿Cómo puedo bendecir a mis generaciones futuras? Inviertan. La Biblia dice también que demos generosamente. Podría ser como Jesús, que le pidió a este hombre diera a los pobres. Puede que sea algún necesitado, o algún enfermo. Una madre soltera a quien apenas le alcanza el dinero para sobrevivir. Hay que ser generoso con los pobres.

La Biblia dice también que no hagamos ciertas cosas con el dinero. Primero, la Biblia dice que no amemos el dinero, porque es un acto de adoración. Es cuestión de idolatría. La Biblia no dice que el dinero sea la raíz de todos los males, sino que el amor al dinero es la raíz de todos los males. La Biblia dice que no cifremos las esperanzas en el dinero porque a veces se desvanece, ¿no es cierto? El mercado inmobiliario se desploma, su cuenta de retiro se desmorona. La Biblia también dice que no seamos esclavos del dinero. La Biblia dice que el que presta es esclavo del que da prestado; lo cual significa, que si gastamos más de lo que tenemos y nos endeudamos y nos metemos al juego de las tarjetas de crédito, llevamos las de perder. Algunos de Uds. dirán, «No soy esclavo de nadie, soy libre. Vivo en un país libre». Hay dos clases de esclavitud. Una es impuesta, y la otra elegida. La esclavitud impuesta es cuando alguien nos somete a fuerza, contra nuestra voluntad. La esclavitud elegida es cuando decidimos que algo o alguien sea nuestro Señor, que nos gobierne y nos controle. Tan pronto llenamos la solicitud para sacar una tarjeta de crédito, tan pronto gastamos más de lo que tenemos, de repente estamos esclavizados. Donde trabajamos, cuánto trabajamos, lo que diezmamos, cuánto gastamos, donde vivimos, cuánto tiempo le dedicamos a la familia, de repente, todo eso está supeditado a la taza de interés y a los acreedores. Y no somos libres, estamos esclavizados. Estamos esclavizados. No pensamos que es esclavitud porque nosotros lo elegimos. Este hombre es un esclavo. Sus cosas no le pertenecen, él le pertenece a sus cosas. Cuando trata de elegir entre sus cosas y su Salvador, elige a sus cosas como su Salvador. Ese es el problema.

Contribuciones caritativas en los EEUU

¿Cómo le está yendo? ¿No le encanta este sermón? ¿No le encanta estar aquí? ¿Están llenos de gozo? Pues se pone peor aún. Compartiré con Uds. algunas estadísticas. Este es el Ingreso Familiar Medio en Estados Unidos. En el área de Seattle es $59.000 al año. En Bellevue, donde tenemos nuestro campus, es casi $80.000 al año. En el centro de Albuquerque donde tenemos un campus, es casi $45.000 al año. Entre más cerca estemos de los centros urbanos, más gente soltera hay, y menos niños. Entre más lejos estamos de los centros urbanos, hay más familias, niños, e ingresos dobles. Ese es el Ingreso. Familiar Medio. Donaciones caritativas en Estados Unidos. En Estados Unidos, un hogar medio tanto cristiano como no cristiano, da $1.620 al año, o sea, $3 al día. El estadounidense medio da 3,1% de sus ingresos, por lo general del ingreso neto no del bruto.

Una curiosa estadística. Los hogares que ganan menos de $10.000 al año dan el 5,2% de sus ingresos. Es el más alto porcentaje de todos los grupos de ingresos, ¿no les parece interesante? En cuestión de porcentajes, los que ganan menos dan más. Eso es interesante. Lo hemos visto, ¿no es cierto? En el Evangelio de Lucas hay una viuda. En cuestión de porcentajes ella da más que cualquier otra persona. Algunos de ustedes viven con este mito. «Entre más dinero gane, más voy a dar». Eso no es cierto. Porque es cuestión del corazón, no es cuestión de dinero. Repito, si no da no es porque tenga un problema de generosidad, tiene un problema de adoración e idolatría. Todas las personas que he conocido creen que su vida estaría bien si sus ingresos aumentaran en un 10%. Y a muchos les aumentan esa cantidad y siguen igual porque tienen el mismo corazón. Los más pobres tienden a ser lo más generosos.

Estadísticamente, entre más ganamos, menos damos. Es una palabra importante y oportuna para nosotros en Mars Hill porque muchos de ustedes son jóvenes, muchos son jóvenes, y aún no han llegado a los mejores años de su vida en materia de ingresos. Y algunos de ustedes creen, «Sí, pero cuando gane más dinero, daré más dinero». Si no tiene un solo Dios y lo adora solo a Él, no lo hará. Un poco más de ánimo y gozo. De nada. Donaciones caritativas de cristianos en Estados Unidos. El 20% de los cristianos en Estados Unidos. no dan nada cada año. La mayoría de los cristianos en Estados Unidos dan casi el 3%. El 12% de los protestantes dan el 10% o más, o sea los no católicos. Así que al leer esta historia, no podemos decir, «Sí, el joven rico amaba sus cosas más que al Señor». Tenemos que decir, «Sus seguidores son muchos. Y tal vez yo sea uno de ellos».

¿Qué tal Mars Hill? Hablamos de los estadounidenses, de los cristianos, y sin duda Mars Hill. Se estima que nuestro ingreso colectivo, para los que dicen que Mars Hill es su iglesia este año, será $300 millones, $300 millones. Y les diré algo, Mars Hill, en los años venideros, esa cifra solo va aumentar. Muchos de ustedes son jóvenes. Muchos se están casando. Muchos están empezando sus familias. Muchos están empezando sus compañías. Muchos todavía están acabando su carrera y sus pasantías. Nuestro gradiente de ingresos solo sigue aumentando. Casi la mitad de los adultos que asisten a Mars Hill dan algo. Eso significa que la otra mitad no da nada. El año pasado, cero. Este año, cero. Les digo exactamente lo que va ocurrir. Algunos de ustedes están diciendo, «Lo sabía. El pastor de la Megaiglesia está hablando del dinero. Nunca volveré. No daré nada. Mis ídolos y yo nos iremos muy tristes». Yo les diría, que la idea principal de la historia es que no sabemos que tenemos ídolos hasta que enfrentamos la posibilidad de perderlos». La gente tiende a defender sus ídolos. «Con buena razón». Tengo muchas excusas, y mucha motivación, y usted no conoce mi corazón, y no puede juzgarme, y no puede gastarse mi dinero, y no creo en la religión organizada». Teológicamente todo esto es una sarta de tonterías. Es una palabra griega. Lo único que hicimos fue identificar su ídolo. Lo único que hicimos fue identificar su ídolo.

Jesús fue gracioso

Mi tercer punto es, hemos hablado de la idolatría, el dinero…lo cómico. Tal vez sea algo inesperado. ¿Lo cómico? Está bien, con paciencia no se me adelanten. Un investigador canadiense llamado Marshall McLuhan, dijo hace unos años, «El medio es el mensaje». Lo cual significa que la manera como decimos algo es lo que recuerda la gente. La pregunta entonces es, ¿cómo dijo esto Jesús? Es decir, ¿creen que lo dijo con el ceño fruncido? ¡La idolatría, el dinero, vendan todas sus pertenencias! Conozco sus corazones». ¿Creen que estaba enojado? Con el ceño fruncido, y el dedo acusativo. Parecido al Sr. Burns. ¿Lo dijo así? Fue como una auditoría del servicio de recaudación de impuestos, donde llega con camisa y corbata y dice, «Hola, vengo del reino de Dios. Sé que trató de ocultar sus activos. Pero yo veo y sé todas las cosas. He venido a cobrarle», ¿cierto? ¿Cómo creen que Jesús dijo esto? ¿Creen que lo dijo meneando la cabeza? ¿Creen que lo avergonzó, lo hizo sentirse culpable, y lo condenó? «Mira todo lo que tienes, no le ayudas a nadie. Y cuando te doy la oportunidad, no haces nada. No te importa. ¿Para qué sirves? Todo lo que te ha dado el Padre lo has malgastado imprudentemente. Lo gastaste en ti mismo. ¿Cómo te atreves?». ¿Creen que le gritó? ¿Cómo lo dijo Jesús? ¿Cómo se veía su rostro? ¿Cuál era su actitud? ¿Cómo se presentó? Fue ingenioso. Fue gracioso. Fue avispado. Lo dice de esta manera. «¿Quieres ir al cielo? Me harás trabajar mucho hoy. Sería más fácil que un camello pasara por el ojo de una aguja antes que tú entres en el reino. Mira mi lista de quehaceres. Salvarte a ti, pasar un camello por el ojo de una aguja, y almorzar. Mira, qué itinerario tan difícil me has causado».

Y lo que pasa cuando Jesús dice que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja que entre aquel rico en el reino de los cielos, los comentaristas religiosos no creen que Jesús tuviera ningún ingenio ningún sentido del humor, ironía o sarcasmo Todos se sentaron en sus comités, y me los imagino con el traje puesto. Pensando, Ummm, ¿qué significa esto? El alguna parte hay un tipo con un sombrero que dará el último fallo. Me parece que fue así. Entonces a los comentaristas se les ocurren cosas. Dicen, «Oh, puede que había una aguja con un hueco y alguna clase de hilo raro llamado hilo de camello. Y tal vez—ni siquiera me estoy inventando esto, tal vez el hilo de camello era más grueso que el hilo normal y mmm-mmm-mmmmm, no cabía por el hueco. Quizás el Señor se refería a algún hilo de camello». No existe ninguna evidencia de que hubiera hilo de camello. Eso es como los unicornios voladores, y los políticos honestos, ¿cierto? No existe, eso no existe. Entonces otros vienen y dicen, «Había un muro alrededor de Jerusalén y quizás había una puertecilla que se llamaba el ojo de la aguja, y entonces tal vez el camello apenas podía entrar por aquel pequeño hueco en el muro, gateando, gateando, gateando, y sacudiéndose, y así hacían parar los camellos por el muro para entrar a la ciudad. Era el ojo de la aguja». Tampoco hay evidencia alguna de eso. En lo absoluto. ¿Cuántos de ustedes han oído esto? No existe.

Jesús está contando un chiste. Está contando un chiste, ¿cierto? Eso mismo. Está diciendo algo cómico. En aquellos días hubieran entendido lo que dijo. Nosotros también tenemos nuestras expresiones coloquiales en esta cultura y el humor tiende a depender mucho de la cultura. Por lo tanto a veces por la diferencia entre nuestra cultura y aquella, no vemos la ironía, el sarcasmo, el ingenio, y la inteligencia. Jesús no se estaba burlando del tipo sino instándolo a que no se tomara tan en serio. Porque yo lo veo como algunos de ustedes lo ven y dicen, «Está hablando de mi dinero». Ya me lo imagino… Les acaban de matar el perro de un tiro y de repente se agarran de su billetera porque saben que en unos momentos tomaremos la ofrenda. Y dicen, «Ni modo. Ni modo: eso no puede ser. Ni siquiera voy a pararme para adorar en caso de que quieran sacármelo del bolsillo. Me quedaré sentado durante toda la alabanza». O sea, que aquí Jesús está contando un pequeño chiste, mejor dicho, como si dijera: «Vamos, hombre. Ríase un poco. Sus pertenencias no son más que basura. Todo eso se quemará. Revisé su corazón. Tienes un grave problema de ídolos. Te amo. Veamos cómo resolver esto. Divirtámonos un poco. Relájate. Ríete un poco».

¿A cuántos se les dificulta pensar que Jesús fue así? En parte es porque pensamos en las películas, ¿cierto? Las primeras películas de Jesús. Les daré un par de ejemplos… o hasta los líderes religiosos de la Biblia. En ninguna de las películas de Moisés jamás he visto que se ría. Mejor dicho, se ve siempre como si le hubieran dado una cachetada a su madre. Siempre se ve así… Hombre, es que nunca se sonríe. Y en las películas de Jesús, producidas por personas como Cecil B. DeMille, que más o menos establecieron la manera como vemos a Jesús culturalmente. Cecil B. DeMille, creo que amaba a Jesús, y que dijo ser cristiano. Pero en primer lugar, Jesús siempre se veía raro. Si los niños preguntan, «Mamá, ¿cuál de ellos es Jesús? ¿Es el tipo nuclear que resplandece? Sí, es Él. Correcto. Así sabemos que es el Señor Jesús. Él es nuclear, sabe».. Oh, ¿el que tiene el halo? «Sí, es Él». En las películas Jesús siempre aparece de dos maneras: Una que es muy triste, como si alguien se hubiera muerto. Una mirada de angustia. Y también una mirada anhelante. Nunca lo vemos riendo, nunca se divierte, nunca cuenta chistes, ¿cierto? Nunca se entretiene. Entonces tendemos a pensar, «Oh, Jesús era muy serio. ¿Cómo va ser un chiste? ¿Cómo va ser un chiste?».

Incluso hay libros que enseñan esto. Un gran autor llamado G.K. Chesterton escribió un libro fantástico llamado Ortodoxia, y termina el libro diciendo esto. «Había una cosa demasiado grande para que Dios nos la mostrara cuando anduvo sobre la tierra. Y he imaginado caprichosamente a veces que era su júbilo». Chesterton dijo, «Cuando vemos la vida entera de Jesús, lo único que falta es un sentido del humor». Pues no. Hay 17.000 libros escritos sobre Jesús que se encuentran el catálogo de la Biblioteca del Congreso. Hay uno que encontré sobre el humor bíblico, titulado A Serrated Edge, por Doug Wilson. (Un borde serrado). Pero solo encontré un libro entre los 17.000 sobre el humor de Jesús. Fue escrito por un autor veterano llamado Elton Trueblood, y dice que hay al menos 30 pasajes en los evangelios: Mateo, Marcos, Lucas, y Juan donde Jesús cuenta un chiste, dice algo cómico, ingenioso, o interesante, a tal punto que la gente religiosa no lo capta. Esto fue lo que dijo Elton Trueblood, «Hay muchos pasajes que son prácticamente incomprensibles cuando los leemos como prosa formal, seria, pero que nos iluminan al ser librados de presumir injustamente que Cristo nunca bromeaba. Cuando nos damos cuenta de que Cristo no se la pasaba diciendo cosas piadosas, tomamos un enorme paso por el camino del entendimiento». Jesús no bromeaba siempre, pero a veces lo hacía. El Diccionario de imágenes bíblicas dice, «Si existe una sola persona en las páginas de la Biblia que podríamos considerar un humorista. sin lugar a dudas sería Jesús. Jesús es Señor también del juego de palabras, la ironía, la sátira, y frecuentemente los mezcla con elementos humorísticos».

Dos maneras para encontrar tus ídolos

Aquí tienen dos maneras de encontrar sus ídolos. Vean cómo manejan su dinero, y averigüen qué les hace reír. Vean cómo manejan su dinero, y averigüen qué les hace reír. Quiero que vean a Jesús, debo tener cuidado con esto, mucho cuidado. Necesito meter mi camello por el ojo de mi aguja. Se parece a Stephen Colbert o Jon Stewart. ¿Reportan las noticias, sí o no? Sí. ¿Nos dicen lo que pasa en el mundo? Sí. ¿Tienen una perspectiva muy seria? Sí. ¿Es chistosa? Bastante. ¿Son ingeniosos? Completamente. Cuando personas muy serias con trajes vienen y se sientan va a pasar algo fantástico. Sí. Para algunos de ustedes ha sido difícil pensar, «¿Por qué querré ir al cielo a estar con Jesús para siempre? Imagínense si llamara Colbert. «Voy pasando por Seattle. Y por casualidad tengo cita con un Kennedy en Taco Bell. Bien, piense en la cosa más espectacular que pueda imaginar. Me gustaría que viniera». ¿Irían? Sí, hasta llegarían temprano. Se comerían su chalupa por adelantado para estar seguros de no perderse las bromas y el diálogo. «Esto será tan divertido. Esto es…él dirá algo, o hará algo bien gracioso, chistoso, y descabellado». Con Jon Stewart, lo mismo. Sí Jon Stewart los llamara y les dijera, «Rush Limbaugh y yo…», porque estoy tratando de pensar en algo ridículo, ¿cierto? «Rush Limbaugh y yo, vamos a hablar acerca de Jesús, los pobres, y la política. Lo haremos en McDonald’s y solo pueden asistir unas cuántas personas. Quisiéramos saber si estaría interesado en venir y formar parte del elenco». Usted diría, «Oh, estoy McContento. Sí, me encantaría». ¿Por qué? Porque esos hombres son ingeniosos, inteligentes, y agradables. Creo que Colbert dice que ama a Jesús, en cambio Jon Stewart… oren por él. A fin de cuentas cuando la manera como reportan las noticias y su forma de interactuar con la gente y su manera de entrevistar a los invitados, y su agradable, ingeniosa, chistosa, intuitiva, y brillante forma de ser, donde uno nunca sabe exactamente lo que van a decir, o a dónde llevarán el tema.

Jesús era así y es así. Perfecto, sin pecado, pero de esa manera. Por eso lo seguían las multitudes. Por eso es que Él…de alguna manera… ustedes entienden. Se sienta y después sienta a los fariseos y a los abogados, y les dice, «¿Por qué no se sientan en mi sofá?». Uno piensa, «Vamos a pasarla súper bien. Nos vamos a morir de la risa». Y salen de ahí pensando, «No le vimos el chiste a eso. Amigos, solo hay dos opciones. Nos reímos de nosotros mismos o Dios se ríe de nosotros. Dios se ríe de nosotros si nos tomamos demasiado en serio. Si nos reímos de nosotros mismos, podemos reírnos con Dios. Los idólatras deberían reírse. Uy, claro, ¿qué estaba pensando? Entonces surge la pregunta, «¿Entonces quién puede ser salvo si todos somos idólatras y nos tomamos tan en serio?». Jesús dice, «Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios». Jesús dice, «Ríanse a carcajadas de sus ídolos tontos porque yo soy el que hace lo imposible. Hago pasar camellos por el ojo de una aguja. Hago posible que personas como ustedes…», nosotros, «…entremos al cielo». Jesús hace eso. En la cruz paga nuestro pecado. Resucita para darnos vida nueva. Lo que el joven rico no pudo obtener, la vida eterna, el perdón de pecados, eso le da Jesús; Jesús se lo da generosamente como dádiva. Y nos invita a deshacernos de nuestros ídolos y a reírnos mucho, ¿amén? Buenas noticias. 2 Corintios 9:7 dice que como resultado podemos ser qué clase de dadores? Alegres. Jesús lo hace posible.

Oración

Dios Padre, muchísimas gracias por la Biblia. Amamos tu Palabra, Señor Dios. No adoramos un libro, pero adoramos al Hijo de Dios que nos ha revelado el libro. Por eso te damos gracias por el libro. Jesús, te damos gracias porque te detuviste a hablar con un joven rico y nos permitiste escuchar furtivamente la conversación. Como invitados sentados en el escenario de tu espectáculo. Jesús, también te damos gracias que por el poder del Espíritu Santo podemos sentarnos en el sofá junto a ti para que nos preguntes ciertas cosas que revelan nuestros ídolos, para que veamos que nos parecemos mucho al joven rico. Es más, somos iguales al joven rico. Tenemos nuestros ídolos. Malgastamos el dinero. Nos tomamos demasiado en serio. Dios, por eso venimos a ti para confesar nuestra idolatría que apoya y motiva nuestro pecado. Nos arrepentimos de eso y te damos gracias Señor Jesús que diste tu vida y resucitaste por ello. Pedimos que no nos riamos de ti, sino por tu gracia, que nos riamos contigo al ver lo tontos que somos como pecadores, y que necesitamos un Salvador sin pecado. Dios, te doy gracias porque hay comicidad y humor en las Escrituras. No solo eres verdadero y justo, y bondadoso y bueno, eres divertido u agradable. Esperamos con anticipación tu reino, cuando nos darás seguramente algo de qué reírnos, Señor Jesús, todos los días al divertirnos contigo. Hasta entonces, revélanos nuestros ídolos, ayúdanos a administrar bien nuestro dinero, y a disfrutar nuestra vida. En tu buen nombre lo pedimos. Amén.