Jesús contra Satanás (Lucas 11:14–28)

Lucas 11:14–28 (RVR 1960)

14 Estaba Jesús echando fuera un demonio, que era mudo; y aconteció que salido el demonio, el mudo habló; y la gente se maravilló.
15 Pero algunos de ellos decían: Por Beelzebú, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios.
16 Otros, para tentarle, le pedían señal del cielo.
17 Mas él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae.
18 Y si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo permanecerá su reino? ya que decís que por Beelzebú echo yo fuera los demonios.
19 Pues si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿vuestros hijos por quién los echan? Por tanto, ellos serán vuestros jueces.
20 Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros.
21 Cuando el hombre fuerte armado guarda su palacio, en paz está lo que posee.
22 Pero cuando viene otro más fuerte que él y le vence, le quita todas sus armas en que confiaba, y reparte el botín.
23 El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.
24 Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Volveré a mi casa de donde salí.
25 Y cuando llega, la halla barrida y adornada.
26 Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero.
27 Mientras él decía estas cosas, una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que mamaste.
28 Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.

Introducción

Hoy seguimos en el Evangelio de Lucas, capítulo 11, versículos 14 al 18, donde veremos a Jesús contra Satanás. Oraré, y abordaremos el tema. Dios Padre, gracias por las Escrituras. Amamos tu Palabra. La recibimos como la verdad completa y fidedigna. Queremos esgrimirla bien como en una batalla contra nuestro enemigo. Así que te invitamos Espíritu Santo a iluminarnos las Escrituras, que inspiraste para que fueran escritas; que ensanches nuestros corazones con pasión por la Persona y obra de Jesús. Lo pedimos en su nombre. Amén.

Una batalla épica, cósmica

Al abordar el tema, hoy estudiaremos un demonio y su obra en la vida de una persona. Quisiera empezar diciéndoles que existe una batalla épica, cósmica, preexistente a la creación de los cielos y la Tierra, que existía antes de la creación del hombre y la mujer; que Dios quien no fue creado, y no tiene principio ni fin, creó a los ángeles eternos como espíritus inmateriales para honrarle y servirle, obedecerle y ayudarle en su obra creadora. Hubo una batalla cósmica, épica en los cielos, donde un ángel líder llamado Satanás juntó consigo una cantidad de ángeles que se rebelaron contra Dios, queriendo usurpar y suplantar a Dios para reinar en su lugar y recibir la gloria que a Él solo es debida. Dios aplastó esta insurrección de seres creados, de un orden inferior, y estos llevaron su lucha a la Tierra con nuestros primeros padres, Adán y Eva. Allá fue donde Satanás, el comandante en jefe de los demonios, tentó a nuestros primeros padres, y ellos se aliaron con él, pecando contra Dios y rebelándose contra Él.

Como resultado, a partir de ese momento la historia de la humanidad ha sido marcada y estropeada por pecados satánicos y demoníacos de locura, rebeldía, destrucción y devastación. Esta épica y cósmica batalla sigue en pie. Todos nacemos en esta batalla. Además, vemos los efectos de la misma en la vida de las personas. Así que al observar esta batalla cósmica en el sentido bíblico, también tenemos que ver los efectos que tiene en la vida de la gente común y corriente, la que vemos todos los días.

Esto funciona también como cuando un corresponsal de guerra, digamos que sea alguien que trabaja para el canal A&E, o el Canal de la Historia, quiere presentarnos una batalla gigantesca que está cubriendo. Después trata de hacernos simpatizar o sentir empatía por las personas, y nos presenta ciertos personajes que en efecto son víctimas, o los que han sufrido por causa de la batalla.

Por lo tanto, un buen corresponsal de guerra nos habla de una batalla y después nos presenta ciertas personas. “Esta persona está sufriendo. Aquella persona fue afectada. Esta persona está devastada”. Es lo que un buen corresponsal de guerra hace, y si alguna vez ha visto Banda de Hermanos, o algo parecido a eso y a los docudramas, eso es lo que hacen. Toman una gran batalla y nos muestran cómo afecta la vida de cada persona.

Lucas escribe de esa manera. Nos relata la verdadera historia épica entre el Dios de la Biblia, y nuestro gran adversario y enemigo. Empieza en Lucas 4 mostrándonos cómo Satanás viene a Jesús y este entra en una batalla contra Satanás para ver quién gobernará y será rey. Jesús desarma y derrota a Satanás al resistir la tentación. Y la historia continúa a lo largo del ministerio de Jesús como lo ha documentado Lucas fielmente.

Así que en Lucas 4 vemos un hombre que está siendo atacado y padece posesión y opresión demoníaca. Jesús lo libera. También vemos en Lucas 4 que hay muchos enfermos con afecciones causadas por espíritus inmundos, malditos e inútiles, llamados demonios, y Jesús los derrota y sana a la gente. También lo vemos en Lucas 8, donde conocemos una mujer llamada María Magdalena, que tiene al menos siete demonios. También conocemos un hombre endemoniado. Tenía tantos demonios en su vida que vivía como un animal, y esos demonios colectivamente se llamaban Legión. En Lucas 9 también vimos un niño atacado por el demonio que había tenido una serie de apoplejías o ataques y Jesús lo sana y lo libera.

Después culmina en lo que llevamos de leer el libro—aunque Satanás sigue en el relato hasta el final—con otro hombre que nos presenta Lucas, víctima de esta gran batalla épica y cósmica. Es un hombre que quedó mudo, que no puede hablar por causa de la opresión demoníaca.

Dos reyes

Al conocerlo nos damos cuenta que en esta batalla hay dos grandes reyes. Está el Rey Jesús, el Rey de Reyes, y está Satanás nuestro adversario y enemigo que gobierna y reina sobre los demonios. Y aunque representa una autoridad menor a la de Jesús, tiene más autoridad que los seres humanos. Así que aunque en ninguna manera debe considerarse igual a Dios, todavía tenemos que tomarlo en cuenta.

Lo conocemos en Lucas 11:14–16. “Estaba Jesús echando fuera un demonio, que era mudo; y aconteció que salido el demonio, el mudo habló; y la gente se maravilló. Pero algunos de ellos decían: Por Beelzebú, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios. Otros, para tentarle, le pedían señal del cielo”.

Aquí conocemos al hombre. La batalla épica y cósmica sigue en pleno auge, y la cámara ahora gira y nos presenta a alguien cuya vida se ve entrelazada con la historia de la batalla épica: un hombre mudo. Sabemos muy poco de este hombre. No sabemos si estaba así desde su infancia, o si nació así. No sabemos si había quedado en esa condición más recientemente. Sabemos que es incapaz de hablar, que no puede hacerlo. Sabemos que si es un marido, no puede decirle a su esposa que la ama. Si es un padre, no puede educar a sus hijos. Si es un predicador, no puede proclamar la bondad y la gloria de Dios. Si es un creyente, no puede cantar las alabanzas de Dios en adoración. La vida entera de este hombre ha sido perjudicada.

La batalla espiritual se manifiesta en forma física. Los seres humanos somos espíritu, la parte inmaterial, y también somos materia, la parte física. Somos dos partes. Ciertamente hay personas con problemas que son solo físicos, y otras cuyos problemas no son del todo físicos. Los problemas de algunos no son demoníacos, ni espirituales, ni satánicos. Son solo físicos. De modo que si se cae y se fractura la pierna, necesita que le pongan un yeso, no que le expulsen los demonios. Es solo un problema físico.

Pero hay casos en los que las personas sufren físicamente, y eso no puede resolverse con remedios físicos. Esto nos lo cuenta Lucas, que es un ¿qué? Es un doctor de medicina. Es un médico. Su capacitación es la medicina. Esa es su vocación profesional. Es un doctor. Al analizar a hombre, se da cuenta que no solo necesita una terapia del habla, no necesita medicamentos, no necesita cirugía, y que no hay forma de sanarlo físicamente. Su problema es espiritual. El ataque espiritual está causando complicaciones físicas. Por eso oramos por la sanidad de la gente. A veces es solo la sanidad, pero a veces se trata de una sanidad espiritual de algo que invariablemente se convierte en una sanidad física también para ellos.

El abuso y el tormento

De manera que este hombre está sufriendo. Padece algo que yo llamaría el tormento. La Biblia usa la palabra tormento para describir ciertos ataques demoníacos. Permítanme explicarles. Creo que hay que diferenciar entre el abuso y el tormento. Algo que nos encanta hacer en la Iglesia Mars Hill es ayudar a la gente abusada, sobre todo las mujeres que han sido abusadas sexualmente. Nuestra teología de amor y de un fuerte liderazgo masculino de atención, protección y afecto nos impulsa a fomentar una cultura en la iglesia para que las mujeres en general se sientan seguras, y donde las mujeres abusadas en particular puedan sentirse seguras también.

En general, a la gente abusada les ha pasado algo horrendo y devastador, pero eso tiene su fin. Usaré muchas ilustraciones de carácter humano para describir los principios espirituales, porque si tan solo hablo de Satanás y los demonios, podrían confundirse. Por lo tanto quisiera usar ilustraciones tomadas de nuestra vida juntos para mostrarles que Satanás y los demonios, aunque son inmateriales, siguen siendo personas. Son seres que hacen el mal, y debemos entenderlos y tratarlos como si estuviéramos tratando con personas peligrosas y abusivas.

Así que el abuso es algo que ocurre, pero llega a su fin. Les daré un ejemplo de una mujer que conozco, y podría darles una lista de muchas mujeres que conozco como esta en Mars Hill, pero en su historia particular comenta que había salido con sus amigas y con un tipo que no conocía mucho, quien puso algo en su bebida y al otro día cuando se despertó no tenía idea dónde estaba, y se dio cuenta que físicamente algo terrible le había pasado. Fue abusada, pero su atacante ya no estaba presente. Aunque ahora se sentía segura, estaba herida y perjudicada, y necesitaba ayuda, amor, apoyo, y ser limpiada por Jesús; pero su atacante se había ido. En eso consiste el abuso. Es un evento que llega a su fin. Aunque es traumático, y no queremos minimizar este aspecto de ninguna manera, llega a su fin. Puede que las consecuencias perduren, pero el evento al fin se acaba.

El tormento es otra clase de abuso que continúa sin esperanza de escape. Así que les daré otra ilustración de otra mujer que conozco. Fue abusada sexual y físicamente, una y otra vez por su padrastro, quien empezó a abusarla cuando era apenas una niña. Sin embargo, para ella es un caso de tormento. En este caso el abusador no desapareció después de atacarla. Su atacante casualmente es su padre putativo. De modo que el abuso continuó y ella seguía atormentada. Estaba atrapada y no podía salirse. Era una niña chiquita. No podía escaparse así como así. Estaba atrapada. Estaba atrapada.

El abuso es horrendo, y el tormento es un abuso sin fin o sin esperanza de acabarse. Es como la diferencia entre alguien capturado en una guerra, a quien torturan y ponen en libertad, y alguien capturado en una guerra, torturado y puesto en un campamento de prisioneros de guerra para ser torturado indefinidamente.

Regresando a la historia… Este hombre está atormentado. No es que los demonios lo ataquen de vez en cuando, es que se ha quedado mudo. Lo atacan a cada momento de cada día. Está preso. Su vida ha sido perjudicada y está sufriendo físicamente por un ataque demoníaco. Así es el tormento. Así es el tormento. No puede librarse del espíritu inmundo, y les aseguro que este hombre ha tratado de librarse del espíritu inmundo pero no puede librarse de su atacante. No puede librarse del que lo está abusando.

Lo leeremos en unos momentos en el Evangelio de Lucas. Había exorcistas. Había líderes religiosos, espirituales que venían y trataban de expulsar los espíritus inmundos. Eran conocidos por la gente. El texto nos da a entender que tal vez se valió de todos estos medios para librarse del demonio, sin ningún resultado. No hallaba la libertad. No había sanidad para él. Se encuentra en una condición atormentada. No puede hablar. Está sufriendo. El demonio que tiene, lo oprime y le hace daño.

No sabemos por qué. ¿Sería porque pecó? No lo sabemos. ¿Lo estaban atacando aunque era inocente? No sabemos. Pero sabemos que necesita ayuda.

Rechazan a Jesús

Entonces viene Jesús. La segunda Persona de la Trinidad, el Hijo de Dios, y va donde está este hombre. Jesús percibe que en efecto la causa del problema es espiritual, con repercusiones físicas. Con su autoridad manda al espíritu inmundo, al demonio, que se vaya. Pero como podemos ver, esta es la autoridad de Jesús. Solo Jesús tiene esa clase de autoridad. Lo que no pudo hacer este hombre, lo que los exorcistas judíos no podían hacer, lo que la religión, la espiritualidad y la moralidad no pudieron hacer, Jesús lo pudo hacer, ejerciendo su autoridad espiritual sobre el espíritu inmundo.

El espíritu sale del hombre, y este al fin puede hablar. Queda física y espiritualmente sano. Ahora puede cantar las alabanzas de Dios, proclamar la bondad de Dios, compartir el amor de Dios con los demás. La multitud está observando. Al igual que ustedes, ahora tienen que determinar en su corazón, en su mente y su alma lo que piensan de este hombre, Jesús. ¿Quién es Él?

Algunos pasan al frente y cobardemente rechazan a Jesús, como algunos de ustedes quizás lo rechacen. Dicen, “No sabemos si Jesús sea bueno o malo. Sabemos que tiene autoridad espiritual, que nos tiene intrigados, pero quizás no es bueno en realidad. Quizás no podamos confiar plenamente en Él. Puede que no sea Dios como dice. No tenemos suficiente evidencia”. Asumen la consabida postura agnóstica que dice, “Yo mismo soy Dios, estoy en mi trono y juzgo que Jesús tiene que presentarme todos los hechos y evidencias para mi satisfacción, para que dé mi fallo acerca de si es o no es Dios”. Tengan mucho cuidado de ponerse en su trono a juzgar a Jesús. Esa no es nuestra postura.

Tengan mucho cuidado de no rechazar a Jesús diciendo simplemente, como ellos, “Queremos que nos dé más evidencia”. Nació de una virgen. Vivió sin pecado. Anduvo sobre el mar. Resucitó de los muertos. Expulsó a los demonios. Murió y resucitó al tercer día. La evidencia es suficiente, aunque el corazón y la mente no estén dispuestos a recibirla. Pero el problema no radica en la evidencia. El problema radica con nosotros, si es que de veras lo rechazamos.

Algunos rechazan a Jesús más abiertamente. Dicen, “Jesús hace cosas grandes y poderosas, cosas espirituales, pero no estoy convencido que sea del todo bueno”. No estoy convencido que sea Dios. Puede que sea bueno y malo. De hecho puede que sea Beelzebú, el príncipe de los demonios”. Algunos de ustedes dirán que Jesús es poderoso, pero no que es completamente bueno. Puede que algunos de ustedes le atribuyan caracterísicas panteístas, panateístas, o paganas. O sea que Dios es bueno y malo a la vez, que es tinieblas y luz. Porque no tienen dos categorías, Creador, creación, luz, tinieblas, santidad, impiedad, verdad, mentiras. Solo tienen una categoría, y todas las cosas, y todo el mundo cabe en esa categoría porque piensan que todo forma parte de la misma unidad. Para los que piensan así, Jesús podría ser bueno y malo. Pero no lo es. No lo es.

Jesús tiene autoridad espiritual, pero ningún aspecto de su autoridad espiritual se deriva de lo impío y demoníaco. Es de todas maneras, siempre y continuamente bueno. Sin embargo, entienden que tiene poder. Quizás algunos de ustedes piensen eso, pero dudan que Jesús sea bueno.

Beelzebú

Ellos dicen que el poder de Jesús viene de Beelzebú, el príncipe de los demonios. Ese nombre se originó muchísimos años antes en el Antiguo Testamento, cientos de años antes, y se la atribuye a una deidad cananea. Literalmente quiere decir el señor de las moscas. ¿Alguna vez han oído ese nombre? El señor de las moscas. Ese es Beelzebú.

Por causa de esta gran batalla épica y cósmica, Satanás gobierna como comandante en jefe. En su cadena de mando están los espíritus inmundos. Su nombre es Beelzebú, quien conjuntamente con Legión, al que conocimos anteriormente, y los espíritus inmundos que están bajo su mando ejerce autoridad espiritual sobre todos los que sirven bajo él.

Lo fascinante es que los demonios obtienen poder espiritual. Los demonios a veces se ponen nombres. Los demonios inspiran milagros, curaciones, lo que la Biblia llama señales y prodigios falsos. Además, establecen religiones para que la gente los adore. Por lo tanto yo creo en un dios llamado Alá, por ejemplo, que es un dios demoníaco, así como creo en los días de la antigua Grecia donde había un dios llamado Zeus, quien tomó la identidad de un dios griego. Creo que diferentes religiones adoran a diferentes dioses, pero no son dioses diferentes. Son diferentes demonios que se hacen pasar por ángeles de luz y siervos de Dios de manera engañosa y encubierta.

Así que las personas los adoran y los honran, y tratan de apaciguarlos. Reciben milagros, curaciones y poder de ellos, pensando que están adorando a Dios, pero no es así. Están adorando seres creados de un orden inferior, espíritus demoníacos, siervos de Satanás.

Está bien, se me ocurrió algo muy curioso en este momento. Voy a hacer algo interesante aquí. Estuve en Turquía el pasado mes de noviembre, y fui a un lugar muy interesante. Está ubicado en la Turquía contemporánea. En sus biblias aparece como Pérgamo. Pérgamo es una de las localidades de las siete iglesias de Apocalipsis. Voy a dirigir una gira por allá en junio o julio del año entrante. Creo que en julio. Cuando fui a este sitio, había un anfiteatro enorme con vista a la ciudad. La ciudad se menciona en la Biblia en el libro de Apocalipsis. En el libro de Apocalipsis dice que es allí donde se encuentra el trono de Satanás. Siempre me pregunto, ¿qué significa eso? Satanás tiene su trono. No es omnipresente como Dios, por lo tanto tiene que poner su cuartel general en la Tierra en alguna parte para llevar a cabo su batalla. En aquellos días ese lugar era Pérgamo.

Uno va a Pérgamo y hay un sitio donde nos dijeron que ahí mismo había existido un altar a Zeus. Había un altar a Zeus. Zeus era un dios demonio que adoraban los griegos, que fue traído a la antigua Turquía, a la ciudad de Pérgamo. Erigieron el altar a Zeus y establecieron los sacrificios a esa deidad pagana. Ahí es donde Satanás tenía su trono.

Se preguntarán, “¿Y dónde está ahora?”. Pues no está ahí, porque los alemanes lo tomaron, y cuando Adolfo Hitler se propuso hacer un púlpito de donde podía predicar a la nación diciendo que gobernaría todas las naciones, lo usó como modelo para confeccionar su propio púlpito. Lo que les estoy diciendo es esto. A los demonios no les gusta lo que hacemos. Trabajan de generación en generación. Pudieron crearle un culto al dios griego Zeus. Pudieron potenciar el paganismo en Pérgamo. Pudieron dar poder a los nazis en Alemania para expandir el reino de las tinieblas.

Algunos de ustedes quedarán pasmados al oír esto. Permítanme decirles: ¡Que queden aterrados por lo que les voy a decir! Satanás y los demonios son reales. De veras están obrando en el mundo. Las naciones, los reyes falsos, las falsas religiones, los falsos profetas, los falsos apóstoles, los siervos de las tinieblas son reales. Y Jesús también lo es. Tómenlo en cuenta. Sean conscientes. Pero no se atemoricen. Al contrario, reconozcan por esta historia que aunque Satanás y los demonios están obrando, Jesús es más poderoso. Jesús tiene más autoridad. Cuando Jesús les dice que salgan, tienen que salir. Por eso amamos y adoramos y servimos a Jesús. Andamos sobria y humildemente, arrepentidos, pero no andamos llenos de miedo. No podemos.

Dos reinos

Entonces sigue el relato. No solo hay dos reyes, sino también dos reinos que se encuentran en esta batalla épica, cósmica, dentro de la cual nacemos todos. Lucas 11:17–20. “Mas él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae. Y si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo permanecerá su reino? ya que decís que por Beelzebú echo yo fuera los demonios. Pues si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿vuestros hijos…”, los exorcistas judíos, “por quién los echan? Por tanto, ellos serán vuestros jueces. Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros”.

Entonces Jesús expulsa el demonio del hombre mudo. Es sanado y la gente juzga en sus corazones si Jesús es bueno o malo. Jesús conoce sus pensamientos. ¿Sabían que Jesús conoce sus pensamientos? Hoy en día Jesús sigue conociendo nuestros pensamientos. Conocía los de esa gente. Y mirándolos les dijo, “Sé exactamente lo que piensan. Están preguntándose si soy bueno o malo, si trabajo para el Dios de la Biblia o para el dios del infierno”.

Y les dijo, “No tiene sentido que piensen que yo expulso demonios usando un poder demoníaco”. Su punto es este. Por qué expulsaría un siervo de Satanás a otro siervo de Satanás? No tiene ningún sentido. Por qué le dispararía un soldado americano a otro soldado americano? No tiene ningún sentido. Jesús dice, “Acaban de presenciar la expulsión de un demonio por orden mía, y salió. El demonio estaba haciéndole mucho daño a esta persona. Si yo trabajara para Satanás, lo ascendería en rango, no lo despediría. Está haciendo un buen trabajo. No tiene sentido”.

Les dice, “Para que después no nieguen que tengo autoridad sobre los demonios, ahora tendrán que preguntarse ¿de dónde proviene esa autoridad?”. Y les dice, “Expulso demonios por el dedo de Dios”. Mateo 12:28 documenta la misma historia y dice que expulsa los demonios por el poder del Espíritu Santo. Entonces el dedo de Dios es la metáfora para la Persona y obra de la tercera Persona de la Trinidad, el Espíritu Santo.

Dios no es un hombre, dice la Biblia, pero aquí tenemos una analogía. Es lo que llamamos un antropomorfismo. Es cuando Dios nos habla en leguaje humano. Juan Calvino lo llama, “el hablado de los niños”. Dios trata de hablarnos para que lo entendamos; es como si Dios Padre, interviniera en la historia humana para servirnos y librarnos, y el dedo de Dios que nos alcanza es la presencia del poder de la tercera Persona de la Trinidad, Dios el Espíritu Santo.

Entonces esta es la verdad: Los demonios tienen que obedecer a Jesús, y el Espíritu Santo tiene autoridad para mandar que se vayan. Son muy buenas noticias para el cristiano. Buenísimas noticias para el cristiano. Que si estamos en Cristo, su victoria es nuestra victoria. Murió y resucitó para quitar nuestro pecado, el derecho que Satanás tenía sobre nosotros, y el acceso que tenían los demonios a entrar en nosotros.

Además, la misma presencia y poder del Espíritu Santo que obraba en la vida de Jesús es la que obra en los hijos de Dios. Por lo tanto es fabuloso. Así que por el hecho de estar posicionados en Jesús y estar llenos prácticamente del Espíritu, podemos mandar a Satanás y los demonios deben apartarse de nosotros. No se necesita un sacerdote. No hay necesidad de agua bendita. No se necesita un crucifijo. No necesitamos algo tan tonto como El Bebé de Rosemary, o El Exorcista. Se necesita alguien que pertenezca a Jesús, que se arrepienta de pecado y esté lleno del Espíritu Santo; que diga, “En el nombre de Jesús, le ordeno que se aparte de mí”. Por la autoridad de Jesús y el dedo de Dios en nuestra vida, debemos obedecer; no porque seamos gran cosa, sino porque nuestro Dios es grande; no porque tengamos autoridad, sino porque Él tiene toda autoridad; no porque gobernemos y reinemos, sino porque pertenecemos al que sí lo hace. Son buenas noticias.

Entonces Jesús les dice, “Cómo tiene sentido lo que estoy haciendo, a menos que trabaje por Dios como Dios”. Y dice, “Esto da evidencia del reino”. Cuando el mundo fue hecho o creado, Dios dijo que era bueno en gran manera. Después Satanás, el pecado y la muerte entraron al mundo y nos aliamos con nuestro enemigo por el pecado, la locura y la rebeldía. Nuestro Dios es un Rey que trae su reino sobre las naciones de la Tierra. En este relato el reino de Dios intercepta la vida de este hombre en presencia de estas personas. Todo se trata del reino. Tenemos un rey que viene a establecer un reino. Su nombre es Jesús.

Dos ejércitos

Por lo tanto existen dos reinos. Hay dos reinos. Por ende hay dos ejércitos: Lucas 11:21–23, dice: “Cuando el hombre fuerte armado guarda su palacio, en paz está lo que posee. Pero cuando viene otro más fuerte que él y le vence, le quita todas sus armas en que confiaba, y reparte el botín. El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama”.

Jesús usa una analogía. Vivimos en medio de un campo de batalla. Vivimos cerca del frente de batalla, donde está rugiendo la batalla. Estamos tratando de defender nuestra casa. Tratamos de evitar que los invasores entren y se apoderen de todo. Entonces decidimos, “Voy a establecerme como un hombre fuerte. Me voy a comprar un chaleco antibalas. Compraré una pistola. Conseguiré un perro. Compraré un sistema de seguridad. Compraré toda la serie 24. Aprenderé de Jack Bauer. Habrá un cierre de emergencia en mi hogar”. Después defendemos nuestros predios por un tiempo, y ninguna de las fuerzas invasoras logran meterse a nuestra casa.

Pero un día, miramos afuera y vemos que viene un tipo… y sabemos que sin duda vamos a perder. Es un grandulón con un tanque y un helicóptero Black Hawk, con lanzacohetes y una cantidad de soldados, y pensamos, “Han sitiado mi casa. Me han capturado. Hoy es el día de mi derrota”. En ese momento lo que necesitamos es alguien que nos defienda, alguien que sea más grande, más fuerte y bravo que nosotros, porque tenemos que conocer nuestras limitaciones.

Y lo que está diciendo es esto: Satanás y los demonios son más poderosos que nosotros. Son más poderosos que ustedes. Han observado el comportamiento humano y nuestras particularidades por miles de años, desde que nuestros primeros padres vivieron en el mundo. Tienen trucos y tácticas y espiritualmente tienen soldados en la batalla. No podemos ganar. No podemos derrotar a Satanás con la moralidad. No podemos derrotar a Satanás con la espiritualidad. No podemos derrotar a Satanás con la religión, porque él fue el que se inventó esas cosas. Todos son engaños demoníacos, pensamos que de alguna manera podemos derrotar a Satanás siendo espirituales.

La espiritualidad sin el amor de Jesús es la adoración de demonios. Eso no hace sino empeorar las cosas. Por eso es que no practicamos la espiritualidad. Nos ceñimos a Jesús. Si decide llevar una vida espiritual y adorar un ser espiritual y se abre a un poder espiritual, lo que está haciendo es abrirle la puerta al enemigo para que lo destruya. Necesita alguien que lo defienda. Necesita alguien que lo defienda. Necesita alguien que lo libre, que lo redima, que venga y lo ponga en libertad. Su nombre es Jesús. Jesús es el hombre fuerte. Jesús es el Rey. Jesús trae el reino.

Jesús es el que no necesita un ejército. Él mismo derrota el ejército de las tinieblas por su cuenta. Lo hace por medio de su muerte. Lo hace por medio de su resurrección. Lo hace al crear una exhibición pública donde triunfa sobre Satanás y los demonios. Eso es lo que dice Colosenses 2:13–15: Jesús fue llevado a la cruz y allí alcanzó nuestra victoria. Satanás no tiene ningún derecho a los hijos de Dios, porque su derecho a nosotros es por el pecado, pero Jesús murió por nuestro pecado, canceló nuestra deuda, y nos libró.

En primer lugar, ¿le pertenece Ud. a Jesús? Es cristiano o no cristiano? La espiritualidad es demonología. ¿Conoce a Jesús? Segundo, ¿se ha arrepentido de su pecado? ¿Está caminando con Jesús? ¿Tiene una relación con Él? Tercero, ¿está empleando su autoridad ejercida en Cristo? Está ordenando a los espíritus inmundos, a la gente inmunda, a los seres, a los espíritus que se aparten de Ud.? Si no lo hace, le abre la puerta a la derrota.

Dos campos de batalla

Hay dos reyes, dos reinos, dos ejércitos, dos campos de batalla. Lucas 11:24–26: “Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Volveré a mi casa de donde salí. Y cuando llega, la halla barrida y adornada. Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene ser peor que el primero”.

La analogía es esta: Dios nos hizo con un alma, por lo tanto tenemos una parte inmaterial, espiritual llamada alma, y una parte física o material llamada cuerpo. Se supone que el alma debe estar llena del Espíritu Santo. Por eso dice en Génesis 2:7 que cuando Dios creó al primer hombre, nuestro padre Adán, le sopló en su nariz el aliento de vida, y el hombre se convirtió en un ser viviente. Sin embargo, por causa del pecado no estamos llenos del Espíritu de Dios y a veces ese espacio vacío lo llenan espíritus inmundos, o demonios.

Para un no cristiano, eso significa que puede rendirse al enemigo a tal grado que su identidad, su personalidad, sus decisiones, sus deseos, sus anhelos y su estilo de vida se ven dominados por su enemigo. Esto es lo que llamamos libertad en Estados Unidos. En realidad es esclavitud.

Un cristiano no pude ser controlado, dominado, poseído, o lleno de un demonio, pero puede ser influenciado por él cuando cede a la tentación y cree sus mentiras, y practica el pecado en forma habitual sin arrepentirse.

Aquí Jesús usa la analogía de una casa. Así que volvamos a la gran analogía, que es la batalla cósmica y épica que está en pleno auge. Todos nacemos en una guerra, pero nacemos del lado de la locura, la rebeldía, y la muerte. Necesitamos nacer de nuevo del lado de la victoria, de Jesús, del perdón, y de la vida. Es como la casa donde vivimos, podría ser nuestro hogar físico o también el cuerpo que habitamos.

Entonces, si usamos la analogía que Jesús nos dio, supongamos que vivimos en una casa. Imagínense, ubíquense, hagan de cuenta que viven un casa, en medio de una guerra. y no tienen bien resguardada su casa. Dejan las ventanas abiertas por la noche. Dejan la puerta abierta. Son muy insensatos y no se cuidan. Un día bajan y encuentran un soldado sentado en el sofá. Uno de los soldados que pelea en esta batalla decide vivir en su casa. Está cansado de dormir en un catre o en una carpa. Se le antoja presentarse en su casa, y lo hace. Come todo cuanto hay en su nevera. Duerme en su cama. Ha decidido ser su compañero de habitación.

Al principio no parece ser tan mal. Pero después las cosas van de mal en peor. Se vuelve abusivo. Se vuelve dañino, aterrador, amenazante. Se sienten inseguros y piensan: “Tengo que deshacerme de él. No puedo vivir así para siempre”. De alguna manera logran echarlo, y se va. Pero como son insensatos, no cierran las ventanas. No cierran con llave la puerta. No resguardan la casa. Finalmente, el soldado sale a buscar otro lugar donde quedarse, y piensa: “El lugar donde estaba era muy bueno. Si regreso podrían expulsarme otra vez, así que llevaré siete amigos y sitiaremos esa casa y aplastaremos al que vive ahí, y será nuestra casa para hacer lo que queramos, y no podrá detenernos”.

Esta parábola ilustra la vida de algunos de ustedes. Usted vive con algo oscuro que lo está destruyendo. Podría ser una propensión al pecado. Podría ser un espíritu inmundo. Es alguien o algo que trabaja con Satanás para destruirlo, y usted llega a la conclusión de que no puede seguir viviendo con eso. Necesita librarse de eso. Entonces se libra de eso, pero no invita al Espíritu Santo a morar en su vida. En términos de la analogía, no invita al Espíritu Santo a mudarse a su casa.

Algunos de ustedes han tratado la autoayuda, la autoestima, que no es más que orgullo. Han intentado la moralidad. Han intentado la religión. Han intentado la espiritualidad. Han tratado de mejorar. Han tratado de esforzarse. Han tratado de ser más disciplinados y productivos, más dedicados y devotos. Y por algún tiempo limpian su casa. Pero no saben cómo defenderla ni protegerla. Para algunos de ustedes, esta es la historia de su vida: “Empezó bastante bien, y después se puso muy mal. Pero entonces cambié algunas cosas y mejoró. Después volvió a empeorar. Y empeoró más”. ¿Por qué cree? Porque aunque reconozca que hay un problema y limpie su casa proverbial, si el Espíritu Santo, el Fuerte no entra y lo defiende, el tipo entra con sus siete amigos.

¿Cuántos de ustedes llevan una vida así? Entonces tiene sentido, ¿si, o no? Su vida estaba muy mal. Mejoró. Entonces se volvió a poner muy mal porque su enemigo tiene acceso, y oportunidad, y…amigos, ustedes no pueden protegerse contra Satanás y los demonios. Son más sabios, poderosos, sagaces, y capaces que ustedes.

Así que les daré una oración: No es un mantra; no tienen que escribir las palabras, pero necesitan entender el punto principal. Es una oración que yo hago. Su pastor ora de esta manera en todo momento. Siempre tomo mi oración de Lucas 11. Mi esposa les dirá que cada noche que me acuesto en la cama, la beso, la abrazo, y oro por nuestro hogar, y oro por mi cuerpo que sea la morada del Espíritu Santo. Empiezo arrepintiéndome de pecado. “Dios Padre, estoy compungido. Cualquiera que sea el pecado en ese momento, estoy compungido por este pecado. Gracias, Espíritu Santo, por mostrarme este pecado para arrepentirme de él. Gracias, Jesús, por morir por este pecado. Te pido Dios Padre que por favor cierres las ventanas que he abierto. Que cierres con llave las puertas que dejé sin reguardar. Ordeno al enemigo, sus siervos, sus obras y sus efectos que se aparten de mí, que se aparten de mi hogar, que se aparten de mi vida, que se aparten de mi familia, que se aparten de nuestra iglesia, en el nombre victorioso de Jesús. Espíritu Santo, te invito a morar en mí. Te invito a morar en nosotros. Te invito a limpiarnos y hacernos como Jesús, y a protegernos contra nuestros enemigos”.

Oro así siempre, que mis pecados sean perdonados, que mi vida sea limpiada, que el Espíritu Santo haga su morada en mí, y que sea mi Defensor y Protector. He orado así, ofensivamente, por 20 años. Dios ha contestado esa oración una y otra vez. Necesitamos orar ofensivamente. Necesitamos orar bíblicamente. Necesitamos examinar nuestras vidas y preguntarnos: “¿Cuáles ventanas habré dejado abiertas? ¿Cuáles puertas dejé sin llave? ¿Qué cosas he tratado de limpiar, sin invitar al Espíritu Santo que las reemplace? Al hacerlo, ¿les he dado cabida a más demonios?”.

Me he entrevistado con muchas personas que dicen, “Solo quiero quitar esta cosa inmunda en mi vida”. A veces son personas que padecen terrores nocturnos, oyen voces, ven cosas, manifestaciones demoníacas, y existe una presencia demoníaca muy patente en sus vidas. Les pregunto, “¿Quieren vivir para Jesús? ¿Quieren ser llenos del Espíritu Santo? ¿Quieren obedecer a Dios?”. Y por lo general dicen, “No, solo quiero deshacerme de esta cosa mala”. Entonces no puedo ayudarle porque eso no les ayudaría. Lo único que haríamos es limpiar la casa e invitar siete enemigos más a hacer su morada”. Hay dos campos de batalla. Uno es su hogar. El otro es su vida.

Dos decisiones

Solo hay dos decisiones que puede tomar, estimado amigo. Lucas 11:27–28: “Mientras él decía estas cosas, una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, los senos que mamaste. Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan”.

Es decir, al ver todo esto, una mujer alza la voz y le dice: “Jesús, bendita tu madre María por tenerte como hijo”. Lo cierto es que todos queremos vivir de tal manera que la gente diga que nuestra madre es bendita, porque amamos, servimos, y honramos a Dios y a nuestras madres. ¿No es cierto, mujeres? Si Dios la hubiera hecho madre de Jesús como María, ¿no sería un gran honor y bendición? ¡Qué gran honor y bendición!

Jesús dice, “Conozco la manera como usted puede ser más bendecida que mi madre, más bendecida que María”. ¿Cómo puede ser? Dos cosas: Oiga la Palabra de Dios, y guárdela: obedézcala. Oiga la Palabra de Dios, y guárdela: obedézcala. ¿Por qué? Porque la fe viene ¿por qué, amigos? Por oír la Palabra de Dios. Dirán, “¿Por qué nos grita Mark por una hora? Porque Mark los ama profundamente. De veras los ama.

La Biblia dice en Hebreos 4 y en Efesios 6: La Palabra de Dios es ¿qué? Una espada. Así que nacemos en una batalla. Tenemos un gran enemigo. Necesitamos un arma poderosa. “La fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios”. Así es como nos familiarizamos con la espada. Para que cuando el enemigo nos mienta, le digamos, “No, eso es mentira. La Palabra de Dios es veraz”. Cuando somos tentados, decimos: “No, no, no. Eso viene del enemigo. Ese no es mi aliado”. Cuando lo acusa de pecados pasados por los cuales murió Jesús, haciéndole pensar que no ha sido perdonado, dígale: “No, todos mis pecados están cubiertos en Cristo”.

Amigos, la espada no sirve si no aprendemos a esgrimirla. Por lo tanto, oímos la Palabra de Dios, y la obedecemos en la batalla. Cuando viene nuestro enemigo, la Palabra de Dios nos protege. Esto lo vemos ilustrado más atrás en Lucas 4, cuando Satanás viene a Jesús y lo tienta, y lo prueba, y Jesús le cita pasajes de la Biblia una y otra vez. Deuteronomio. De memoria. Jesús se sabe bien la Palabra de Dios, y cuando viene el enemigo está listo. Está listo para defenderse.

Por lo tanto es de suma importancia que conozcamos la Palabra de Dios y la obedezcamos. Santiago, el hermano de Jesús, y el libro que lleva su nombre, lo dice así: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos”. Para nosotros el domingo es un día para oír la Palabra de Dios; en el grupo comunitario, entre semana, estamos en misión y tendemos a escuchar y poner por obra la Palabra de Dios. Las dos cosas van juntas, son inseparables.

¿Lo estamos haciendo? Por eso queremos escuchar la predicación de la Palabra de Dios. Queremos oír la grabación de la Biblia para redimir nuestra labor en la comunidad. Queremos oír buenos predicadores y maestros de la Biblia. Queremos que asistan a buenas clases donde les enseñen la Biblia. Queremos que escuchen la Palabra de Dios, pero Satanás y los demonios también oyen la Palabra de Dios, por lo tanto la diferencia entre un adorador y un demonio es la obediencia. No solo oímos lo que dice. Obedecemos. Obramos por fe, no por los deseos de la carne. Peleamos contra nuestro enemigo. ¿Lo estamos haciendo? ¿Lo estamos haciendo?

El Síndrome de Estocolmo

Permítanme terminar con tres preguntas para que las traten en su grupo comunitario y con su familia. Primero, ¿dónde está la evidencia de la obra del enemigo en su vida? ¿Dónde está la evidencia de la obra del enemigo en su vida? En la historia que nos da Lucas, toda la culpa no recae sobre Satanás y los demonios, por lo tanto no podemos culparlos de todo. Sin embargo algunas cosas sí son culpa de Satanás y los demonios. Por lo tanto debemos culparlos por algunas cosas y necesitaos discernimiento para distinguir lo que es y no es la justa causa del pecado humano, lo que es o no es el resultado de una opresión demoníaca, un ataque o posesión.

Repito, ya hemos visto repetidas veces en Lucas 4, Lucas 8, Lucas 9, y Lucas 11, en la trama de la vida de Jesús, que Satanás y los demonios están involucrados. Satanás y los demonios están involucrados en sus vidas. Satanás y los demonios están involucrados en sus vidas. Satanás y los demonios están involucrados en sus vidas. ¿Dónde? ¿Dónde han estado obrando? ¿Dónde están obrando? ¿Qué mentiras les están contando? ¿Por cuales tentaciones están siendo seducidos? ¿Qué pesares vanos los están destruyendo? ¿Por cuál espiritualidad falsa se sienten tentados? ¿En qué aspecto lo tiene atado la religión? ¿Dónde han estado obrando el enemigo y sus siervos en su vida? ¿Dónde están obrando el enemigo y sus siervos en su vida? Ahí están. Búsquenlos. No les echen toda la culpa, pero atribúyanles lo que ameritan.

Se los digo con profunda pasión y amor por ustedes como pastor. Nace de una conversación que tuve hace poco con una mujer, a quien Jesús ama y que ama a Jesús, pero había entrado en un estado de desánimo y depresión y la habían disuadido a tal grado que perdió de vista la bondad y la gloria de Dios. Era porque estaba siendo atacada y oprimida espiritualmente por el demonio. Solo tenía dos posibilidades:, ella o Dios. Eran las dos categorías en las cuales ella podía clasificar todas las cosas en su vida.

Por eso a veces pensaba, “Toda la culpa es mía. Soy maldita o estoy loca”. Al decir maldita, quiso decir que no había esperanza para ella. “Soy maldita”. Oía cosas y veía cosas, era atacada, y veía manifestaciones, y tenía un derrotero de espiritualidad demoníaca. Algunas mujeres están en esta situación, su pasado es la brujería. Algunos de ustedes son de procedencia ocultista. Algunos pensaron que la espiritualidad los beneficiaría pero ignoraban que la demonología existe. Así era esta mujer. Pensaba, “Soy maldita o me estoy volviendo loca. Me estoy inventando cosas. Mi mente está enferma. Estoy viendo, pensando, y oyendo cosas que no son de verdad, y me estoy enloqueciendo”.

Pero en otras ocasiones ponía todas las cosas en la segunda categoría y decía que Dios tenía la culpa. Pensaba, “Qué tal que Dios sea malo, cruel, ruin, que esté contra mí; Dios no me ha escogido; Dios no me perdona, Dios no me ama, Dios me ha abandonado; Dios me ha traicionado, porque si me hubiera ayudado, pero no, Dios es impotente, incompetente, y no es capaz de librarme”. Y se volvía loca tratando de averiguar lo que causaba los problemas y el dolor en su vida. “¿Es culpa mía o de Dios?”.

Pero en realidad existe una tercera categoría—oigan la Palabra de Dios y obedézcala—la Palabra de Dios nos da una tercera categoría: Satanás y los demonios. Mire, le dije, “Usted no está loca ni es maldita, y Dios no es malo ni impotente. Satanás es real. Los demonios son reales. Están obrando en su vida. Está siendo atacada. No está loca. No ha sido abandonada. Se encuentra en una guerra. Por eso está sangrando, sufriendo, llorando, y se está muriendo”. ¿Dónde está Satanás? ¿Dónde están obrando los demonios en su vida? En qué parte de su vida ha descartado por completo la tercera categoría que la Biblia le ha señalado claramente, una y otra vez, con tanto énfasis?

Segundo, ¿cómo le está ayudando a su enemigo? ¿Cómo ha colaborado con él? Algunos dirán, “Yo pertenezco a Jesús. No colaboro con Satanás”. Por el hecho de pertenecer a Jesús no significa que no colabore con Satanás. Pedro, el líder de los discípulos lo hizo. Una vez Jesús lo miró y le dijo, “Apártate de mí, Satanás”. ¿Estaba Pedro poseído por Satanás? No, pero estaba influenciando a Pedro y de alguna manera Pedro en ese momento era cómplice con su enemigo. Jesús se percató de ello.

Les daré una extraña analogía. Reitero uno de los puntos que hice anteriormente cuando hablaba de los seres espirituales, la gente se confunde mucho por lo tanto quisiera hablar de seres humanos para ilustrar mi punto de cómo obra la gente, y por ende los seres. Después podremos aplicar estos principios a los seres espirituales. Por lo tanto permítanme darles una analogía humana con implicaciones espirituales. ¿Alguna vez han oído de algo que llamado el Síndrome de Estocolmo? Si no estoy mal, ocurrió entre el 23 y el 28 de agosto de 1973. En Estocolmo, Suecia, un banco que acababa de abrir fue atacado por unos ladrones quienes se apoderaron de su interior tomando al cajero y a los empleados como rehenes. Según el reportaje, colocaron dinamita, explosivos y bombas en la humanidad de los trabajadores a quienes metieron en una bóveda acorazada y los tuvieron confinados cinco días. Cinco días. Amenazaron sus vidas.

Pero por fin los rehenes fueron redimidos, si usamos el término bíblico. Los liberaron. Fueron librados. Los pusieron en libertad. Lo que pasó fue que algunos de los rehenes, algunos cautivos que estaban siendo atormentados como lo expliqué al comienzo del sermón, inesperadamente defendieron a sus captores. “¿Debemos testificar contra ellos en la corte? No todos son malas personas”. Pero ¿saben qué? Los psicólogos, los sociólogos, los encargados del caso, todos están bien confundidos. Recordemos que les colocaron explosivos y los tuvieron cautivos cinco días. ¿Cómo pudieron defenderlos? ¿Cómo pudieron simpatizar con ellos?

Quedaron tan perplejos por esto que se idearon algo que llamaron el Síndrome de Estocolmo. Dijeron que a veces cuando las personas se encuentran en relaciones abusivas, toman una postura simpatizante y de afecto con sus captores. Lo mismo sucede en las relaciones humanas. Permítanme decirles esto: Llevo más de 14 años en el pastorado ministerial, y lo mismo sucede en las relaciones espirituales.

Porque lo que ocurre en una situación como esa es que alguien tiene una posición de señor, de dios, rey o gobernante; Y cuando se encuentran en esa posición alta, ejercen gobierno y señorío. Deciden si alguien vive o muere; si duermen o lo dejan dormir. Si comen o se mueren de hambre. Si los ponen en libertad o los toman cautivos. Efectivamente son como un dios. Lo gobiernan a uno. Y lo que tratamos de hacer es apaciguarlos. Tratamos de hacernos amigos de ellos y complacerlos para que no se enojen. Entonces de vez en cuando hacen algo por nosotros que parece ser bueno, y pensamos: “Después de todo, no parecen ser tan malos”.

Por eso dicen los policías que las llamadas más peligrosas son las de violencia doméstica. Llaman a la policía y salen digamos que llegan a la puerta y una mujer les abre bañada en lágrimas, sudor, esputo y sangre. “¿Qué le pasó, señora?”. “Él me atacó”. “¿Quién?”. “Mi novio que vive conmigo”. “Tenemos que hablar con él; quizás tengamos que arrestarlo”. Si le da la espalda a la mujer en ese momento, ella es capaz de darle un tiro al policía. Pero ¿Por qué defendería a quien la ha estado abusando? Porque el corazón humano es proclive a ser engañado. Satanás es un engañador, por lo tanto engaña.

Los seres humanos somos propensos al engaño. Somos seres humanos, por lo tanto, somos propensos al engaño. Podemos analizar el Síndrome de Estocolmo, o la mujer maltratada y decir, “¡Qué locura!”. ¿Cómo es posible que no haya entendido que está en una relación abusiva y atormentada? No obstante, todos perdemos el enfoque de nuestra propia vida y algunos pensamos que Satanás no es malo, que el pecado no es tan malo, que las tinieblas no son tan oscuras, y que Dios no es tan bueno.

Hablé con una mujer maltratada que me dijo, “No siempre fue tan malo, creo que tal vez se interesaba por mí puesto que a veces se portaba bien conmigo”. Le dije, “¿Qué hizo por Ud.?”. Sin pelos en la lengua me dijo: “Me perdonó la vida”. Se supone que no debería matarla. Sin embargo, para ella el que no la hubiera era un regalo. Pensó que lo hizo como una muestra de afecto.

Miren, Satanás es un asesino. Satanás es un mentiroso. Satanás es un engañador. Satanás es un abusador. Satanás tiene a las personas en una condición de tormento. Como nos engañamos a nosotros mismos, empezamos a ver su señorío, a mostrarnos simpatizantes con él y a ser sus cómplices.

¿Recuerdan la historia de Patty Hearst? Quizás recuerden esa historia. La tomaron como rehén durante dos meses. La tomaron contra su voluntad. Después les ayudó a sus captores a robar un banco. La gente se preguntaba: “¿Por qué?”. Es por la propensión que tienen los seres humanos a ser engañados.

¿Saben qué? Algunos de ustedes son prisioneros de Satanás. Son atormentados por él. Se encuentran constantemente en una relación abusiva, espiritualmente hablando, ¿y saben qué? Están colaborando con su enemigo.

Eso me lleva a mi tercer punto. ¿Expulsarán a su enemigo, se arrepentirán de sus pecados, invitarán al Espíritu Santo? Permítanme intentar esto. ¿De veras quieren deshacerse de su pecado? ¿Todo su pecado? Su pecado favorito, su pecado secreto, el pecado que más placer les da. ¿Sí o no? Lo cierto es que por lo general tenemos una lista de todos nuestros pecados, y queremos llevársela a Jesús habiendo marcado todos los pecados que queremos que nos quite, y no marcamos las casillas de nuestros pecados predilectos, los que disfrutamos. Decimos, “¿Saben qué? Quiero que la mayoría de mis pecados desaparezcan, y quedarme con algunos”. ¿Quieren conocer la verdad y obedecer toda la Palabra de Dios? O de igual manera quieren todos los versículos de la Biblia en una lista y solo marcar las casillas de los versículos que creen. Quieren decirle a Jesús, “Creo en todos estos versículos, pero hay algunos que si pudiera ignorarlos, cambiarlos, o evitarlos, sería bueno, porque me gustaría no hacer caso a esas porciones de la Biblia”.

¿Quieren ser cristianos solamente, o quieren mezclar el cristianismo con un poco de espiritualidad y religión, o con otras prácticas y creencias que no tienen nada que ver con la Biblia, pero que prefieren de todas maneras? ¿Sienten deseos de participar en esas cosas? ¿Quieren divulgar completamente sus pecados y arrepentirse de ellos, o quieren divulgarlos a medias, ocultando su vida privada y secreta, donde Satanás es su amigo, y donde a veces les parece conveniente?

¿Quieren solo la luz, o les gustan las tinieblas un poco? ¿Quieren únicamente la santidad, o quieren pecar un poquito? ¿Quieren solo la verdad, o les gustaría mentir un poco? Si es así, Jesús dice: “No son conmigo. Son contra mí”. Se los dice porque los ama. Por medio de estos pasajes nos está diciendo que hay una batalla cósmica y épica que está en pleno auge, y que hemos nacido en esa batalla del lado de Satanás y los demonios, contra Dios. Jesús vino como nuestro Libertador a librarnos. Murió por nuestros pecados en nuestro lugar como nuestro Salvador, y resucitó victorioso y triunfante.

Nos libra de la esclavitud y libera los cautivos, pero algunos de nosotros no queremos luchar. Queremos dar marcha atrás. Queremos dar marcha atrás. Queremos tener un poco de Dios y un poco de Satanás, un poco de obediencia y un poco de desobediencia, un poco de tinieblas, y un poco de luz, un poco de verdad, y un poco de mentiras. Y Jesús dice, “El que no es conmigo, contra mí es”. Por lo tanto, estimado amigo, ¿escogerá a Jesús o a Satanás? No hay una tercera categoría. No hay otra oportunidad. Si está dispuesto, quisiera invitarlo ahora a inclinar su rostro y a orar conmigo. Puede orar en voz alta.

Dios Padre, confieso que solo tú eres Creador. Señor Jesús, gracias por morir por mí. Gracias por librarme. Gracias por resucitar por mí. Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Me arrepiento de toda mentira. Me arrepiento de todas mis tinieblas. Me arrepiento de mi religiosidad. Me arrepiento de mi espiritualidad. Te invito Espíritu Santo a llenarme. En el nombre de Jesús. Amén.

[Fin del Audio]

Nota: Esta transcripción ha sido editada.