Las Bienaventuranzas, Parte 2 (Lucas 6:37–49)

Lucas 6:37–49 (RVR 1960)

37 No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados.
38 Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.
39 Y les decía una parábola: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo?
40 El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro.
41 ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?
42 ¿O cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, déjame sacar la paja que está en tu ojo, no mirando tú la viga que está en el ojo tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano.
43 No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto.
44 Porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas.
45 El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.
46 ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?
47 Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante.
48 Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca.
49 Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; contra la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó, y fue grande la ruina de aquella casa.

Introducción

Muy bien Mars Hill, mientras buscan el pasaje en Lucas 6:37–49, en sus biblias, en sus i-phone, sus portátiles, o lo que sea, quisiera anunciar algo rapidito: el libro más reciente ha salido, titulado Doctrine. Estoy muy entusiasmado por este libro. Establece el marco para lo que creemos aquí en Mars Hill, y por qué lo creemos. Así que si tienen preguntas, este libro sería un buen sitio donde empezar. También se parece al álbum Black del grupo Metálica, lo cual es muy importante, y alabo a Dios por eso también. Es lo mejor que he podido escribir hasta la fecha, por la gracia de Dios, y me tiene muy entusiasmado. Revela nuestro currículo de membrecía, ahora, y también tiene preguntas sobre los grupos comunitarios al final; algunos leerán este libro más adelante para familiarizarse con la membrecía. Así que por favor llévense un ejemplar, y como siempre, si lo recogen en Mars Hill, cualquier rédito va directamente a la iglesia y no a mí. Siempre digo eso, solo para que lo sepan.

Esto es lo que vamos a hacer hoy también. Jesús predicó un largo sermón que fue escrito y transcrito, y tenemos un resumen de esa transcripción con algunas porciones que nos fue dada en Lucas 6. Vimos la primera parte de este sermón de Jesús la semana pasada, y veremos la otra mitad esta semana. Jesús estaba con una gran multitud, y para darles una idea del escenario, permítanme mostrarles el terreno agreste y escabroso donde Jesús estaba enseñando en Lucas 6. Está un poco más arriba que el Mar de Galilea, en las colinas onduladas, en una hermosa tierra agrícola. Y fue en esta área escabrosa, donde se cuenta tradicionalmente que aquí fue donde Jesús predicó el sermón que estudiaremos hoy. Así que necesitan visualizar esto. Jesús ha estado predicando y enseñando en las sinagogas de pueblos pequeños, de 50 y de 100 personas, que vivían en esas comunidades. Venían a oír las predicaciones y las enseñanzas de Jesús, y ahora su fama ha crecido, y muchas personas, multitudes, quizás miles vienen a oírle predicar y enseñar. Así que vienen caminando, a varios días de camino. Recorren largas distancias, y todos están sentados sobre el pasto mientras Jesús predica y enseña.

De modo que vamos a leer las Escrituras hoy, francamente más de lo que deberíamos leerlas. Deberían ser cinco sermones en vez de uno. Pero queremos acabar de leer Lucas antes de ver a Jesús cara a cara; así que estamos tomando grandes porciones a la vez para acabar de leer el libro de una vez. Por lo tanto, lo que veremos hoy es una serie de principios que espero, confío, y pido a Dios, que sean utilizados por el Espíritu Santo en sus vidas. Estos principios vienen del Espíritu Santo, quien inspiró a quienes escribieron las Escrituras, al igual que el ministerio de enseñanza de Jesús, y después Él tomará algunos de estos principios y se los resaltará. Les recordará ciertas personas. Les recordará ciertas cosas. Aunque usted no sea cristiano, no resista ni pelee contra estos principios. Recíbalos, porque son un don de Dios para usted.

1. La gente perdonada debe perdonar.

Así que les daré principios de la enseñanza de Jesús, y el Espíritu Santo les dará la aplicación particular de esos principios; y el primero es: La gente perdonada debe perdonar. Jesús lo dice de esta manera en Lucas 6:37: “No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados”. Aunque no sepa nada de la Biblia, usted conoce este versículo. Sí, este es el versículo que se saben todos los americanos que no son cristianos. “Oiga, no juzgue”, ¿no es cierto? La gente usa ese versículo a cada rato. Y lo sorprendente es que al usarlo, lo están juzgando a uno, lo cual me parece muy curioso. “Oiga, pienso que está mal que usted juzgue”. “Oiga, no juzgue”. “¿Está juzgando el hecho de que yo esté juzgando? Porque eso sería socialmente inaceptable. Es decir, me está juzgando porque yo juzgo. Es una reacción muy sentenciosa a mi sentenciosidad”.

Es imposible no juzgar, por lo tanto, ¿qué significa esto de no juzgar? En cierta manera, creo que lo que está diciendo es que las personas que viven como jueces, siempre andan juzgando a los demás. Estamos hablando del policía moral, del que se obsesiona por la limpieza, de uno que le encuentra defectos a todo. Es alguien que siempre anda criticando. Asumen la postura de crítico. Algunos de ustedes son así. Siempre señalan las faltas, los defectos y los fracasos. Siempre andan buscando lo que está mal, y se aseguran de decírselo a la persona. Tengo un amigo que casi ya no es amigo, que está tratando de cambiar este aspecto, y cada vez que me llama o cuando recibo un texto, o un correo electrónico, le digo: “Otra vez lo mismo”. “Querido Mark, tengo un problema con…lo que sea”. Sé que tienes problemas. “No me mandan tarjetas de cumpleaños, no me felicitan…nada”. Si uno le dice cualquier cosa, él le busca el lado malo. Así es esta persona. Tienen el “don” espiritual de desalentar. Nunca dicen nada que sea alentador. Creo que Jesús nos está instando a no ser así.

En realidad la Biblia está llena de leyes que nos dan a conocer que nuestras vidas están llenas de pecado, pero si los pecadores van a coexistir, un par de cosas tienen que suceder. Tenemos que ser humildes, dedicados a la oración, cuidadosos, ceñirnos a lo que enseña la Biblia, misericordiosos, llenos de gracia en nuestro trato con la gente, para que al juzgarlos, como dice Jesús, no lo hagamos de una manera condenatoria. “No hay esperanza para ti. No quiero nada más contigo. Eres despreciable. Estoy harto de ti; se acabó”. Eso es juzgar y después condenar. Y en verdad no sabemos lo que Dios tiene para su pueblo; y dicho sea de paso, el cargo de Juez, con “J” mayúscula, lo ocupa Jesús. Jesús dice en Juan 5, ‘el Padre me ha dado todo el juicio’. Él es el Juez.

Así que lo más importante es esto: como cristianos no decidimos quién va al Cielo y quién va al Infierno, Dios hace eso. El Cielo le pertenece a Dios. El Infierno está gobernado por Dios. Dios decide quién va a dónde, yo no, usted no, y nosotros no. No condenamos a nadie. Lo que podemos hacer es compartir lo que la Biblia dice de Jesús con otras personas. “Oye, esto es lo que dice Jesús: Yo soy el camino, la verdad, y la vida. Nadie viene al Padre si no es por mí. Así que te amo”. Eso es lo más importante. Jesús dice que si estamos conectados con Él, estaremos con Él. Si no estamos conectados con Él, tendremos que rendirle cuentas. Eso fue lo que dijo. Yo no decido quién va al Cielo o al Infierno, eso es entre Dios y usted. Eso fue lo que dijo.

La gente siempre me pregunta: “Pastor Mark, mi tío se murió, ¿está en el Cielo o en el Infierno?”. No lo sé, eso algo que está muy por encima de mi índice salarial. Ese cargo no es mío. No lo sé, no lo sé. Creo en el Cielo, y creo en el Infierno, y sé que no es mi responsabilidad decidir quién va a dónde. Pero hablarles a las personas de Jesús y dejar que Jesús decida quién está adentro, y quién está afuera, esa es su responsabilidad, amable lector.

Así que dice aquí que no seamos críticos, como unos policías morales, negativos, difíciles, o desalentadores; no hay que juzgar a la gente y dejarlos ahí, despidiéndose cordialmente de ellos, sin más ni más. Al contrario, lo que debemos hacer es juzgar a la gente, pero no juzgarla y dejar las cosas ahí. Sobre todo debemos juzgar a los cristianos, no solo a quienes no lo son. Más adelante viene un tipo que se llama Pablo. Sabe muy bien lo que enseñó Jesús, y está encarando una situación en una iglesia descomunal llamada Corinto. En el capítulo 5, un tipo— no sabemos si la historiase trata de su madre o de su suegra, pero tiene una relación sexual, o romántica con ella. Sea lo que sea, da al traste por completo con su mamá. En el capítulo 6, un par de cristianos deciden que no les gusta trabajar, y que van a demandar a otros cristianos, pensando:“Me darán suficiente dinero para jubilarme”.

Y lo que Pablo dice sobre estos dos asuntos, en 1 Corintios 5:12–13, es, “¿Qué razón tendría yo para juzgar a los que están fuera [de la iglesia]? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro? Porque los que están fuera, Dios juzgará”. Lo que está diciendo es esto: “Miren, los cristianos deben juzgarse unos a otros, pero cuando se trata de quienes no son cristianos, es de esperarse que no se porten como cristianos, por lo tanto, lo que están haciendo está mal, está mal, está mal, de veras tienen que enmendar sus vidas. Lo más importante es que tienen que conocer a Jesús, y en vez de ponerse a modificar su comportamiento, quiero presentarles a alguien que se llama Jesús, para que cambie sus corazones, cambie sus vidas, y después los asuntos en su vida se compondrán por su gracia y su poder, su amor, su apoyo, y su perdón.

Así que Pablo está diciendo: Los cristianos tenemos que hacer lo que hacemos, pero en reversa. Tendemos a dejar que los hermanos y las hermanas cristianos pequen y se salgan con las suyas, mientras que tendemos a servir como policías morales y nos quejamos del comportamiento de los que no son cristianos. Pablo dijo que no hagamos eso. Los no cristianos no conocen a Jesús, por lo tanto, háblenles de Jesús. Los cristianos que dicen ser cristianos y de veras le pertenecen a Jesús, tenemos mejores expectativas de ellos. Y si dicen que creen en Dios y en la Biblia, entonces tenemos que responsabilizarlos según los criterios de la Biblia. Así que júzguelos tranquilamente, pero sin condenarlos; con discernimiento, no para destruirlos, sino para ayudarles, para mostrarles que están varados ahí, y que usted está ahí para ayudarlos. “Necesitamos sacarlo de ese problema. Es un desastre, y por la gracia de Dios, tiene que cambiar”.

Dice lo mismo en 1 Corintios 6:2–3: “¿O no sabéis que los santos, [los que son cristianos], han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas? ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida?”. Lo que está diciendo es esto: “Querido cristiano, usted resucitará de los muertos, y se sentará con Jesús. Participará en el Juicio al Final, y ayudará a juzgar a los ángeles”. Si así son las cosas, responsabilicen a los demás tranquilamente; con amor y en comunidad muéstrenles que es un problema, que es un asunto importante. Que esto les preocupa. Que esto tiene que funcionar. Que tiene que cambiar.

Por lo tanto, lo que dice aquí es que los cristianos deben juzgar a otros cristianos, y deben presentarles a Jesús a quienes no son cristianos. Y lo que eso significa es que debemos juzgar, pero no condenar. Juzgue, y después perdone Eso es lo que Jesús está diciendo aquí. Cuando dice, “No juzguéis”, está diciendo: No juzgue, para después condenar. Al contrario, “Perdonad”, eso es lo que dice. Perdonen, porque sería una hipocresía de nuestra parte que le digamos a Dios, “Señor, he pecado contra ti, y enviaste a tu Hijo a morir en la cruz en mi lugar, por mis pecados, para asegurar mi salvación. Y vengo a ti, Señor mi Dios, a pedirte perdón”. Y después, cuando alguien peca contra usted, le dice: “no lo voy a perdonar”, eso es hipocresía. Si Dios lo perdona, usted necesita dar perdón.

Al oír eso, algunos de ustedes dirán, “pensé que no debíamos juzgar”. Antes de poder juzgar a alguien, primero tiene que juzgarlos, ¿no es cierto? Tiene que decirles algo, tiene que determinar algo, tiene que discernir algo, y establecer que lo que dijeron o hicieron o lo que no dijeron o no hicieron, es pecado. Así que tiene que hacer un juicio de valor sobre eso. Y el realidad todos creemos en hacer juicios, o en juzgar. No en la condenación eterna, donde somos como dioses en un trono, juzgando, pero sí podemos decir: “esto está bien, y esto está mal”. “Esto es aceptable, y aquello es inaceptable”. Por eso es que se sentiría muy decepcionado si alguien se metiera en su casa a robarse todas sus cosa, y lo encañonara con una pistola, y usted llama al 911 y le dicen , “Oiga, ¿todavía no ha leído Lucas capítulo 6, donde dice, no juzguéis?’“. “Mire, no vamos a llamar a la policía, lo estaría juzgando si lo hiciera”. Para nada. Usted diría, “manden a los policías bien armados, y con perros; y si es necesario arresten a esta persona y llévenla delante de un juez porque tiene que ser juzgada”.

No podemos deshacernos de los profesores. No podemos deshacernos de los entrenadores. No podemos deshacernos de los árbitros. No podemos deshacernos de los réferi. No podemos deshacernos de los policías. No podemos deshacernos de los jueces. No podemos deshacernos de las cortes. No podemos deshacernos de la religión arrogante que se cree moralmente superior y condena a la gente innecesariamente, que no tiene amor por ellos ni les brinda esperanza. Y podemos reemplazar eso con un deseo en el pueblo de Dios de responsabilizarnos con base en los altos principios de la Biblia. Además, podemos juzgarnos unos a otros y decir, “¿Sabe qué? Eso está mal. Esto es inaceptable. Esto es pecado. Sí, te amo. No estoy tratando de portarme como un cretino contigo, pero estoy aquí para ayudarte”, y después perdónelos.

Lo que Jesús está condenando es cuando pasamos, de juzgar, a condenar. Está condenando la condenación. Nos está instando a pasar del juicio al perdón. Así que permítanme preguntarles algo, les haré cinco preguntas: Aquí está la primera: En su grupo comunitario o en su familia, determinen ¿a quién deben perdonar? ¿A quién deben perdonar? ¿Qué hicieron?

Porque si no los perdonan, se volverán unos hipócritas amargados. La amargura. Eso es lo que les pasa a las personas que no saben perdonar. Los hipócritas quieren que Dios los perdone, pero no quieren perdonar a la gente. En parte será una lucha emocional, porque de inmediato algunos de ustedes dirán, “lo que ellos hicieron estuvo mal, y nunca dijeron ‘lo siento’. ¿Cómo puedo perdonarlos?”. Permítanme explicarles esto. Para que haya arrepentimiento, debe haber una persona: una para perdonar, y dos para reconciliarse. Usted puede perdonarlos, aunque ellos nunca se arrepientan, aunque nunca le pidan disculpas, y aunque nunca cambien.

Así que puede perdonar, y al perdonar, déjeme decirle lo que no está haciendo. No les está dando su visto bueno. Al perdonar a alguien, no está aprobando lo que hacen. No está diciendo, “me parece bien lo que hizo, o lo que no hizo”. No estoy diciendo eso. De hecho, está diciendo lo contrario. “Lo que usted hizo está mal, o lo que no hizo está mal, pero decido perdonarlo de todas maneras”. Tampoco es que esté negando lo que hicieron. “Oh, en realidad no pasó nada. Ni siquiera sé de qué estás hablando. Ni siquiera me acuerdo de eso”. El perdón no es negar que algo haya sucedido. Perdonar no es minimizar lo que pasó. “Oh, no tiene importancia. Nadie es perfecto. Eso no me molesta”. Al contrario, tiene tanta importancia, que Cristo murió por eso. Así que tiene mucha importancia. No se trata de encubrir el pecado. Perdonar no significa encubrir el pecado. Uno puede perdonar a alguien y después llamar a la policía y arrestarlos por cometer un crimen. “¿Pensé que me había perdonado?”. “Sí, te perdoné. No estoy amargado, no estoy enfadado, pero cometiste un crimen y así es la justicia; te amo y te perdono. Jesús murió por tu pecado y Él puede perdonarte, pero el hecho de que yo te perdone no significa que no haya ocurrido”.

Miren, algunos de ustedes necesitan entender la plenitud del perdón para que perdonen, y les encomienden a Dios aquellas personas que a la postre Él juzgará; y si no se arrepienten, Él los condenará, para que usted pueda juzgarlos y perdonarlos, y encomendarlos a Su cuidado. Quizás se arrepientan y Dios los perdone. Quizás no se arrepientan y Dios los condene. Lo que Dios quiera. Por sus corazones amargados, por sus vidas hipócritas, perdonen a los demás como dice la Biblia, como Dios en Cristo los ha perdonado.

¿A quién deben perdonar? ¿A quién necesitan perdonar? ¿Qué fue lo que dijeron? ¿Qué fue lo que hicieron? ¿Qué fue lo que no hicieron? No me hago ilusiones de que sea fácil o sencillo. Como pastores, tenemos acceso directo a los momentos más dolorosos en la vida de la gente. Repito, estamos hablando de un principio, y ahora el Espíritu Santo les dará un nombre. Les dará un rostro. Algunos de ustedes en este momento están resistiendo y luchando. “ No hable de eso, ¿puede continuar por favor? Pensé que le faltaban unos puntos por cubrir. Siga con el siguiente punto”. Paremos aquí un momento y dejemos que el Espíritu Santo nos dé ese nombre y ese rostro: ¿a quién tenemos que perdonar? Me siento movido a decirles, por medio del Espíritu Santo, que la persona que necesitan perdonar ya está muerta. Usted dirá, “Pero lo que hicieron no tiene perdón”. Sin embargo, usted necesita perdonar a esa persona.

2. Los recibidores deben ser dadores.

Segundo: Los recibidores deben ser dadores. No sé si recibidores sea una palabra, me la inventé. De vez en cuando hago eso . A la orden. Lucas 6:38, “Dad y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida que medís, os volverán a medir”. Esto es lo que está diciendo: Si Dios lo perdona, perdone a los demás. Si Dios le da, dé a los demás. Se supone que así funcionan las cosas, de otra manera seríamos unos hipócritas al recibir perdón y generosidad, si no damos perdón y generosidad. Así que nuestra relación con Dios se manifiesta en nuestra relación con otros, al igual que la relación que tenemos con nuestras riquezas, nuestras posesiones, y nuestras finanzas.

Así que permítanme explicarles esto: Lo que está defendiendo aquí es lo que yo llamo la teología de la generosidad. Hay dos extremos cuando hablamos del dinero, las finanzas, las posesiones, y las riquezas en la Biblia. La teología de la prosperidad, básicamente enseña que Dios es una piñata, y que diezmar es el palo para darle. “Dele con el palo, y vean coches con ruedas bonitas caer del Cielo”. Mejor dicho, esa es mi versión de la teología de la prosperidad. Y básicamente consiste en adorar el dinero, las riquezas, las posesiones, el prestigio, y usar a Dios para conseguir sus ídolos. “Oh, si oro, si diezmo, y si hago todas estas cosas, Dios me bendecirá, y me hará rico, porque lo que de veras me interesa son las riquezas’“.

Al otro extremo está la teología de la pobreza. “No necesito conseguir trabajo. No necesito pagar las cuentas. No necesito cuidar a mi familia. No necesito dejarles una herencia a los hijos de mis hijos, como dice Proverbios. Solo dejo de ganar dinero, y así no tengo que ser generoso, vivo con lo mínimo y doy lo mínimo. ¿Por qué? “Porque creo que entre menos gano más santo soy”.

No somos partidarios de ninguno de estos extremos. Lo que sí promovemos es trabajar duro, con inteligencia y justamente. Aumente sus riquezas poco a poco, como dice Proverbios; y ante todo, considérese un administrador generoso que reconoce que a fin de cuentas todo le pertenece a Dios. Y supongo que de los que escuchen este sermón, casi nadie creerá prácticamente en este principio: que Dios es dueño de todas las cosas y que nos da las cosas, por lo tanto todo lo que poseemos es don Suyo, y nosotros somos los mayordomos. Por ende debemos desembolsar, administrar y distribuir los recursos que Dios nos da, para que Él sea glorificado y para que ayudemos a los demás.

Pero si usted dice, “No, no, no, un momentito. Yo trabajé muy duro para abrirme brecha en este mundo”. Le diría que Dios nos dio el mundo. Él es un Dador muy generoso. Nos dio el hálito de vida. Nos dio talento, aptitudes, habilidades. Nos dio el intelecto. Nos dio la educación. Nos dio trabajo, cualquiera que sea. Nos dio posesiones, y nos hizo saber que todas las cosas sí provienen de Dios; que nuestro Dios es un Dador muy generoso; que Dios nos da a su Hijo unigénito, que Dios derrama su sangre por nosotros y por nuestros pecados; que la salvación es un don, que el Espíritu Santo es un don, que nuestro don espiritual es en realidad un don, que nuestra iglesia es un don; que la Biblia es un don, que el pueblo de Dios es un don, que el reino que nos aguarda es un don, y que nadie puede dar más que nuestro Dios. Nuestro Dios es un Dador. Es un Dador muy generoso. Eso es lo que dice la Biblia, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ¿hizo qué? “Que ha dado”. Sabemos que Dios nos ama. Él es un Dador.

Y la teología de la generosidad dice, “En la medida que Dios me dé, así les doy a los demás. Les doy a los pobres. Le doy a la iglesia. Y nuestra actitud no debe ser, “Dios, ¿cuánto de mi dinero debo darte?” sino “Dios, con cuánto de tu dinero puedo quedarme?” Es tomar por sentado que las primicias, la primera parte de todo, pertenecen a las cosas que Dios considera dignas o de mérito. Y lo dice para aquellos que son administradores generosos, los que dan, eso mismo: que den, ¿entienden?, que den. Los que dan, a Dios le gusta darles más. Así no es teología de la prosperidad. “Ah, ¿entonces, entre más doy, más me da? No es una estafa piramidal, ¿cierto? Puede que Dios hasta aumente sus ingresos, no para que mejore su nivel de vida, sino para aumentar el nivel de sus ofrendas. Lo que está diciendo es esto: si Dios puede encontrar un mayordomo fiel, le dará un poco. Si es un buen administrador, le dará un poco más. Si es fiel, le dará más.

¿No piensa que usted haría lo mismo? Digamos que usted es muy rico, y le dice a alguien que conoce, “Muy bien, voy a darle este dinero, y esta porción es para los pobres, y esta porción es para la iglesia, y usted puede gastarse esta otra porción”. Y va y hace lo que usted les dice. Después regresa y le dicen, “Muy bien, hice todo lo que me pidió que hiciera con los fondos”. Y usted le dice, “Muy bien, ahora voy a aumentarle lo que le confié porque fue fiel con lo que le di, y no me robó nada”. La persona que vino y le dijo, “Sé que usted me dio ese dinero, pero se me olvidó dárselo a los pobres, nunca fui a la iglesia, y me gasté el resto, por eso vengo a pedirle más dinero”. Usted me dirá, “Pero es que yo no hago inversiones así. Pongo agua en un barril sin fondo”. Pues no voy a invertir más recursos en usted, porque usted no es un buen mayordomo.

Así que lo que dice aquí, es que si somos mayordomos fieles y damos como Dios quiere que demos, Dios tiende—aunque no está obligado a hacerlo—a veces a galardonarnos en esta vida, pero a veces estamos atesorando galardones en el Cielo, y tenemos que esperar algún tiempo para ver la recompensa. No obstante, de una manera u otra, a Dios le gusta darle a la gente dadivosa, para que sigan dando más.

Utiliza la siguiente analogía: “medida buena, apretada, remecida, y rebosando darán en vuestro regazo”. “¿Qué quiere decir eso?”. Pues les daré una analogía moderna para explicarlo. ¿Alguna vez han ido al supermercado y visto el glorioso pasillo donde están todas las bolsas de papas fritas? Es un lugar asombroso, donde están todas esas papas fritas, toda clase de productos que terminan en -itos: Cheetos, Doritos, Fritos. Es un sabor fantástico. Es asombroso lo que hay ahí. También hay papas fritas, Sun Chips… es asombroso. También habrán notado lo grandes que son la bolsas. Son enormes, como de la mitad del tamaño de una persona , a menos que coma bastante, y en ese caso miden como un tercio de su tamaño. ¿Alguna vez ha comprado una de esas bolsas enormes de papas fritas, pensando que están llenas? La abre, aspira el aroma, y oh, es un aroma fantástico. Después mira adentro y no está llena de papas fritas. Hay un par de papitas en el fondo de la bolsa, y lo demás está lleno de puro aire y de mentiras.

De eso está hablando. Se los explicaré. En aquellos tiempos, compraban grano o maíz de esta manera: traían un balde, o un cuenco, y llevaban su envase al mercado y decían: “Llénelo de grano, o llénelo de maíz”, o de lo que sea. Y lo llenaban y decían, “Bueno, ahora págueme”. Y decían, “No, no. Remézalo un poquito. Apriételo y deje que repose un poco. Después vuelva y añádale un poco más, y vuélvalo a remecer, y apriételo otro tanto, y después sí échele un poco más. Y después, cuando esté completamente lleno, le pago, pero hasta que eso pase, será como otra bolsa vacía de papas fritas”. La próxima vez que vaya al supermercado, debería abrir una bolsa de papas fritas cuando esté en la fila de la caja, y diga: “La bolsa no está llena de papas fritas. Necesito más papas fritas en mi bolsa. Me gustaría que estuvieran apretadas, remecidas, rebosando, y que den en mi regazo”. Ahí es donde irán a parar de todas maneras, así que…

A eso se refiere. Si usted es un dador generoso, Dios podría darle generosamente para que Su provisión esté llena y rebosante; y el regazo que menciona tiene que ver con lo que le va a sobrar para ponerlo en sus bolsillos. Sé que estamos en medio de una recesión económica, y la gente está luchando, y estoy muy consciente de eso, pero ¿sabe qué sucede? “Dios, tan pronto me des más, entonces te daré todo”. Y Dios les diría, “Hace tiempos que te estoy dando cosas y no has hecho nada con ellas, así que más bien sé fiel con las cosas que ya te di, y después podemos hablar de ayudarte un poco más”.

Aquí es donde me toca decirles como nos va económicamente en Mars Hill. A la orden. Esta es mi parte favorita de mi trabajo: los gráficos y los diagramas. De acuerdo, aquí tenemos los donativos para el año 2009. Los tenemos divido en categorías. La categoría blanca representa las personas el año pasado que durante todo el año no dieron nada; o sea la tercera parte de la iglesia. El treinta por ciento de la iglesia no dio nada. Los que dieron entre uno y quinientos dólares, están en la sección negra. Representan casi el 38% de la iglesia. Así que el 68% de la iglesia dio $500 o menos el año pasado, durante todo el año. Así que el concepto de “dar” para esas personas significa dar $1. Por algo tienen que empezar. Se va para la casa y le preguntan: “¿Cómo le fue?” “¿Sabes qué? Hoy aumenté la cantidad de mis ofrendas en forma significativa. Hoy ocupo una nueva categoría de dadores en Mars Hill, con tan solo diez monedas de a diez lo logré”. Todos mis hijos están en esa categoría, así que pueden unirse al grupo de mi hijo Gideon hoy día, en la categoría negra. En la categoría marrón oscuro, están las personas que dieron de $500 a $1.500 el año pasado. El 13% de la iglesia dio entre $1.500 y $4.000 dólares el año pasado, esta es la categoría de personas que están empezando a demostrar cierto margen de generosidad en sus ofrendas. O sea el 11%. Solo el 9% de las personas en Mars Hill dieron $4.000 o más todo el año. Son hogares. Así que si ambos cónyuges están trabajando, esto representa el ingreso combinado de los dos.

Siempre me parece muy interesante, y supongo que les haré la siguiente pregunta: ¿Dios ha sido generoso con nosotros? ¿Dios ha sido generoso con usted individualmente? ¿Dios ha sido generoso con nosotros colectivamente? ¿Lo ha sido? Es sorprendente, Mars Hill, mejor dicho, Dios ha sido tan generoso con nosotros, que es sorprendente. Lo que quiero decir es que fue sorprendente para mí. Llegó la pascua que es más o menos nuestro gran domingo del año. Vinieron 13.000 personas. Siete mil vinieron el Viernes Santo. 20.000 personas vinieron durante el fin de semana. Bautizamos 376 personas. También nos han donado bienes raíces a través de los años. Estamos buscando potenciar ese tipo de asociaciones en el futuro, y pedimos a Dios que me dé buenas noticias que compartir con ustedes. Dios ha sido tan generoso con nosotros. Hay gente muy talentosa, muchas personas que están conociendo a Jesús, muchas cosas buenas se están llevando a cabo. Fue asombroso, porque la pascua se acabó y fui a la casa. Estaba como aturdido de la emoción. Pensé, ¡caray, 13.000 personas! ¿Saben qué? No se trata solo de cuántas personas asistan, pero es asombroso que Dios nos diera tanta gracia y que fuera tan generoso en traernos tantas personas para que las amemos, para infundirles ánimo, servirles, y conectarnos con ellas. Y el presupuesto no alcanzó. Ese día no nos alcanzó el presupuesto, y nuestros donativos estuvieron muy por debajo de lo que dimos el año pasado. Y pensé, “¿cómo es que entre más gracia reciben algunas personas, se vuelven más cortos de gracia? ¿Cómo sucede eso? ¿Cómo ocurre?”

Los amo. Siento lo mismo por la iglesia, que siento por mis hijos. Si uno ve problemas, trata de resolverlos, sin darse por vencido. No los amenaza. No pierde los estribos. No se propone hacerles daño. No se enoja. Solo siga orando, siga hablando, siga tratando de resolver el asunto; por lo tanto seguiremos tratando de resolverlo. Para aquellos que han sido fieles, alabado sea el Señor. Gracias. Para los que no lo han sido, ¿qué les dice Jesús? ¿Qué dice su Palabra? Den. “Oiga, ¿qué significa eso en griego?”. Dar. Algunos dirán, “¿cuánto?”. Pregúntenle a Dios, pregúntenle. Pregúntenle cuánto deben dar. No vamos a ser legalistas y decirles que debe ser un porcentaje. Solo les diremos que si son cristianos y han recibido, den. Y todo lo que han recibido proviene de Dios, entonces Dios no solo nos da a nosotros, Él da por medio de nosotros.

Eso fue lo que me dijo una mujer hoy. Tuvimos una excelente conversación. Me dijo, “soy una cristiana recién convertida”. Y me dijo, “Dios me ha dado mucho, y ahora veo que está dando por medio de mí, y ahora puedo amar a la gente, servir a la gente, ayudar a la gente, y ser generosa”. Y me dice, “Qué divertida es esta vida. Me gusta hacer lo que Dios está haciendo, con Él”. De eso estamos hablando. Así que la gente perdonada debe perdonar, y los recibidores deben ser dadores, repito, estamos hablando del Espíritu Santo quien nos observa y obra en nuestros corazones. ¿Qué significado tiene para mí desde un punto de vista funcional o práctico?

3. Los líderes deben guiarse a sí mismos.

Tercero: Continúa diciendo que los líderes deben guiarse a sí mismos. De antemano permítanme decirles lo siguiente: las personas que son como yo, son líderes, pero en cierta manera todos somos líderes. Si es padre o madre, está liderando. Si es un entrenador, está liderando. Si es profesor, o profesora, está liderando. Si es líder de un grupo comunitario, de un equipo de servicio, obviamente es un líder. Si es un diácono, o un anciano de la iglesia, obviamente es un líder. Si es esposo, o padre, obviamente es un líder. Si es madre o abuela, es una líder. Alguien siempre lidera a alguien. Todos están enseñándole a alguien, y antes de poder enseñarle a alguien o dirigir a alguien, y sobre todo nosotros a quienes se nos ha encomendado un cargo de liderazgo, necesitamos guiarnos a nosotros mismos.

Lucas 6:39–42, “Y les decía una parábola”, o sea, una pequeña historia para ilustrar un punto. “¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?” Técnicamente sí, pero les irá muy mal. “¿No caerán ambos en el hoyo?”. Sí, es cuestión de tiempo. “El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro. ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga…”, de acuerdo, el depósito de madera, “que está en tu propio ojo?”. ¿Cómo se le ocurre decirle a su hermano: “Hermano déjame sacarte la paja que tienes en el ojo”, y no echa de ver la viga que está en su propio ojo? “Hipócrita”, esa palabra es la idea principal. “Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano”.

Lo que está diciendo es esto: somos hipócritas y guías ciegos. Y sé que algunos de ustedes piensan: “No, yo soy diferente, especial. Cuando asistía a la escuela dominical, me dijeron que yo era como un copo de nieve, puro y blanco, sin igual”. No, usted es un guía ciego e hipócrita, y ellos le mintieron, por lo tanto también son guías ciegos e hipócritas. Y todo funciona de esta manera: Todos estamos ciegos a nuestra propia ceguera. Todos estamos ciegos a nuestra propia ceguera. Y a veces nuestra ceguera la elegimos nosotros mismos, por ejemplo: “¿Puede ver eso?”. “No, no puedo verlo”, pero fue porque usted cerró los ojos.

Todos somos hipócritas; y la definición de un hipócrita, según Jesús es esta: Tienen una situación muy difícil, y están chismeando, son querellosos, gruñones, obsesionados con la pulcritud, quisquillosos, policías morales, y andan juzgando a alguien que tiene un problema mucho menos grave en su vida que el de ellos. ¿De acuerdo?

Lo que no está diciendo es: “Oh, es que no podemos lidiar con otras personas, sus pecados, y sus asuntos”. Lo que está diciendo es, “Oigan, hay que hacer las cosas en orden. Primero arreglen su propio depósito de madera”. Arreglen su propio depósito de madera, porque les digo honestamente que las cosas no siempre son así, y no quiero generalizar demasiado. Pero unos de los peores matrimonios que jamás he visto los tienen los consejeros matrimoniales. Mejor dicho, en serio. Algunos de los peores padres que he visto, son pastores que enseñan sobre la paternidad. Su esposa y sus hijos no son más que accesorios u objetos para ellos. En realidad no reciben su afecto.

Lo he visto a veces en nuestra vida… todo esto será controvertido, pero a veces la gente más perturbada va y consigue títulos en consejería, no solo para ayudar a otras personas, sino porque están tratando de resolver sus propios problemas. No tiene nada de malo que consigan un título en consejería, pero antes de empezar a aconsejar a otras personas, deberían resolver sus propios problemas. Antes de empezar a arreglar los matrimonios de los demás, deberían tener su propio matrimonio bajo control. Antes de decirles a las personas cómo criar a sus hijos, deberían sacar a los suyos del centro de rehabilitación. Hay que hacer las cosas en orden. Primero tenemos que resolver nuestros propios problemas. Y lo que pasa es que es más fácil ver el pecado en la vida de otras personas que en nuestra propia vida, y es más fácil decirles lo que deben hacer, que esmerarnos en hacerlo nosotros mismos. Así se define un hipócrita.

Por lo tanto, permítanme decirles eso: de una manera u otra, todos somos guías ciegos e hipócritas, porque somos más conscientes del pecado en la vida de otros, y mucho menos conscientes del pecado en nuestras propias vidas. Y entre más religioso sea, le será más difícil superar esto. Así son las cosas. Entonces, ¿qué respuesta nos da Jesús? Dice, “Los discípulos se vuelven como sus maestros, por lo tanto tengan cuidado a quién deciden seguir”. Mejor dicho, tengan mucho cuidado a cuál iglesia deciden asistir. Tengan cuidado con los amigos que escogen. “Los invito a que me guíen con sus palabras y me den consejo”. Tengan mucho cuidado con los libros que leen para recibir instrucción en la vida. Tengan mucho cuidado con los podcast, los blogs, los mensajes por Twitter, con las fuentes RSS, las revistas, los programas de televisión, los programas de entrevistas por la radio que escuchamos, porque cuando esté completamente entrenado, serán como su maestro.

Si ellos son ciegos, usted compartirá su ceguera. Si son hipócritas, participará en su hipocresía. Porque como dice Jesús, cuando acaban de ser entrenados, los discípulos se vuelven como sus maestros. Es muy importante que decida a quién va e escuchar y a seguir. La única manera de lidiar con su ceguera, es encontrar gente que no sea ciega en las cosas que usted no puede ver, para que le amen lo suficiente y lo juzguen—y vuelvo a mi primer punto—a fin de ayudarle a ver que hay asuntos y áreas que usted necesita resolver urgentemente. Además, necesita personas que no sean hipócritas, como los que aprueban de su estilo de vida, y participan en él…al menos en el aspecto pecaminoso. También necesita personas que estén dispuestas a confrontarlo amorosamente, en comunidad, para decirle que es un hipócrita consumado. Perdemos los estribos con la gente que hace esto, pero su asunto es este .

Repito, todo esto está basado en los principios. Dios el Espíritu Santo se lo nombrará. No piense en lo que le va decir a su amigo. No piense, “Oh, sí, de veras necesitan oír este sermón. Esto les hará mucho bien”. Lo primero que debe hacer antes de darle consejos a los demás, es lidiar con sus propios problemas. Mejor dicho, me horrorizo tanto cuando veo los horribles maridos que quieren enseñar consejería matrimonial a otros hombres. Me horrorizo una y otra vez al ver los horribles padres que quieren ser consejeros en materia de paternidad. Es asombroso. Aún en el pastorado y en la consejería. Lo mismo sucede con las mujeres. Mujeres querellosas, argumentativas, que deshonran a sus maridos, y quieren decirles a otras mujeres cómo deben vivir, y cómo deben poner en orden sus propias casas. Esto es lo que hacemos, y hasta cierto punto todos somos hipócritas.

A decir verdad, a veces nos creemos el mito que cunde por ahí, que no debemos juzgar a nadie. Pues si los amamos, tenemos que juzgarlos. Tenemos que diagnosticar el problema que tienen, sin condenarlos, pero en forma convincente. Además, si de veras los amamos, no podemos seguirlos, tenemos que reprenderlos y decirles, “te amo. Deja de darme consejos. No te los estoy pidiendo, y no los ando buscando. Y lo cierto es que todos vemos el depósito de madera que te sale de la cabeza, y esa debería ser tu primera prioridad”. Y si lo hace, y la persona es humilde, se lo agradecerá. Pero si son arrogantes, se enfadarán con usted. En Proverbios dice, “No reprendas al escarnecedor, para que no te aborrezca. Corrige al sabio y te amará”. No sabemos si una persona es sabia o necia, hasta que no se salgan con las suyas, o hasta que alguien les muestre aquel depósito de madera, o hasta que les muestren su ceguera.

Pero a decir verdad, los cristianos no son los únicos hipócritas, los que no lo son también son hipócritas. A los que no son cristianos les encanta decir eso: “Ustedes los cristianos son todos unos hipócritas”. Y también lo son ustedes los que no son cristianos. Así es. Les daré un ejemplo que parece chistoso. Volvamos al punto anterior. Según un artículo que leí en USA Today hace algunos años, la ciudad con el índice más bajo en ofrendas caritativas en los Estados Unidos de América es… Seattle. Miren, nos pasa lo siguiente. Nos dejamos llevar por las causas. “¿Qué hay de los pobres? ¿Qué hay de las casas para personas de bajos ingresos? ¿Qué hay de las madres solteras? ¿Qué hay de la gente que se ha quedado sin techo? ¿Qué hay de la gente necesitada? Alguien debería hacer algo al respecto”. Así es Seattle. Así es Seattle. ¿Qué hará al respecto? “Pues, oiga hombre, dice que no debemos juzgar, ¿no es cierto?” Mejor dicho, otra vez el mismo cuento. Así que todos somos hipócritas hasta cierto punto, y todos somos ciegos de distintas maneras, y nos necesitamos mutuamente para señalarnos nuestra ceguera y ayudarnos. ¿A quién necesitan perdonar? ¿Qué tal está su aporte financiero? ¿Qué hay de esa viga que tiene en el ojo? La tercera pregunta es ¿cuál es la viga que tiene en el ojo? “Oiga, ese sí es un tema importante. En realidad no he lidiado con el asunto, ni me he arrepentido de él, ni lo he hecho morir”.

4. Los árboles buenos deben producir buenos frutos.

Después como que culmina en el punto número cuatro: los árboles buenos deben producir buenos frutos. Lucas 6:43–45, “No es un buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto. Porque cada árbol se conoce por su fruto, pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian las uvas. El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón produce lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca”.

Muy bien, aquí Jesús está confrontando uno de los mitos más arraigados y trillados de la cultura. “Todos somos buenas personas, y a veces hacemos cosas malas”. ¿Alguna vez ha visto a alguien hacer algo horrible, y sale en el noticiero? Sucede a cada rato. Y después los comentaristas empiezan a decir, “En realidad era buena persona. Mejor dicho, claro, asesinan a la gente, pero en lo más profundo de sus corazones son unos santos”. ¿De veras? ¿En serio? Porque existe una mentira, un mito muy arraigado que ha penetrado poderosamente nuestra cultura, que dice, “Sí, en el mundo hay corrupción, y yo soy un poco corrupto, pero en lo más profundo de mi ser hay pureza y bondad”. No, eso es añadir ceguera a nuestra ceguera. Es una clase de ceguera que nosotros mismos escogemos, a lo depravado y corrupto, a lo que heredamos de nuestra naturaleza pecaminosa, al hecho de que somos pecadores por naturaleza. Es algo que llega profundamente hasta las raíces.

Eso es lo que dice Jesús, “No podemos decir que el árbol es bueno si el fruto es malo”. No tiene sentido. “Oh, que manzano tan maravilloso, pero lo único que produce son bombas”. ¿De veras? No me parece que sea un manzano tan maravilloso. “Oh, es un manzano bastante bueno que produce bombas. No las vaya a recoger”. ¿De veras? “Es una persona bastante buena, pero solo produce maldad, sin embargo, sigue siendo buena persona”. Qué locura. Es una locura. No obstante, es un mito que sigue muy arraigado, y la gente sigue manteniéndolo, inclusive cuando se trata de sus propios hijos. Los niños son horribles. “Oh, pero en sus corazones son unos angelitos”. No lo son, son malos. Y veo a los novias que hacen esto con sus novios. “Oh sí, es un borracho, no trabaja, ni siquiera me es infiel, y me golpea, pero en lo más profundo de su ser es un ganador, es un churro, es un tipo muy querido. Así es él”. No, no lo es. Es el mismo Satanás en lo más profundo de su ser. Es un tipo malo. “Oh, pero si lo amáramos y lo cuidáramos, y le ayudáramos a seguir haciendo lo que hace…”. No. ¿qué, adorarlo como a Dios y dejar que siga con sus andadas? No.

Y lo que Jesús dice aquí es, “no necesitamos un cambio de comportamiento, necesitamos ser regenerados”. Esa es la doctrina bíblica. Usted no necesita volverse una mejor persona, necesita ser una persona distinta. De lo que está hablando es desarraigar un árbol y decir, ese no sirve para nada. Es un árbol malo. Hasta las raíces son malas. No tiene sino frutos malos. Y después Dios nos vuelve a sembrar en Cristo como árboles totalmente nuevos. Nos hace una nueva creación en Cristo, nuevas personas, un nuevo corazón, mente nueva, nueva voluntad, nuevas emociones, nuevos deseos, nuevas pasiones, nuevos placeres, nuevos afectos, una nueva persona.

Algunos de ustedes dirán al venir a la iglesia: “¿Qué pasos debo tomar para ser una mejor persona?”. Y empezarán a estudiar la psicología popular, libros de auto ayuda, de autoestima. “Haga las siguientes cuatro cosas; no haga las siguientes tres cosas. Siga estos 27 pasos”. Tiene que hacer las cosas en orden; no tiene nada de malo que cambie su vida. Si es un alcohólico, deje de ser un alcohólico. Si es un drogadicto, deje de usar drogas. Si es adicto al sexo, no queremos que sea adicto al sexo. Si es un jugador compulsivo y tiene un problema, tiene que parar. Si está endeudándose y gastando más de la cuenta, sin duda necesita controlar eso. Si es un glotón, sea lo que sea, sí, queremos que deje de hacer eso; sin embargo, Dios quiere algo mucho más importante que un cambio de comportamiento. Quiere personas nuevas.

Y Jesús utiliza el lenguaje del corazón. El corazón es la esencia, el centro, la suma de todo lo que somos. La Biblia no usa ese término para indicar el órgano físico, sino el centro metafórico. Y lo que dice Jesús, es que “la vida viene del corazón, las palabras vienen del corazón, las intenciones y las obras vienen del corazón”. Y la Biblia dice que el corazón viejo, el corazón que heredamos como descendientes de Adán, es un corazón de piedra. Está empedernido hacia Dios; es contumaz y rebelde, insolente, necio, y está muerto. Cuando nos volvemos cristianos, Dios toma el corazón de piedra, nos da un corazón de carne—no un corazón perfecto, sino un corazón nuevo—un corazón hecho por el poder de su Espíritu Santo, y la gracia de Dios; hecho para ser cada vez más como Jesús. Dios no quiere que usted haga las cosas mejor, ni que trate más; Él quiere desarraigarlo, volverlo a plantar, que nazca de nuevo, que tenga un corazón regenerado; un corazón nuevo.

Aquí es donde el cristianismo es diferente a las otras religiones. Algunos dirán, “Pues el cristianismo enseña algunos valores de otras religiones”. Es cierto. Pero ninguna de ellas suple el poder necesario para obedecer a Dios. El cristianismo dice que Dios nos cambia al nivel más profundo, y nos da el Espíritu Santo para que vivamos por su poder. Así que Dios no solo nos dice lo que tenemos que hacer, vive Su vida en nosotros, y todo empieza cuando venimos a Jesús. Por lo tanto, eso es lo que yo le diría. Si usted es cristiano, dirá: “No sé cómo poner en orden mi vida”. Y algunos de ustedes podrían decir, “Mi vida no está desordenada, me está yendo bastante bien”. Pues usted es orgulloso, arrogante e independiente, y eso también es pecado. Y lo que necesita es venir a Jesús.

Así que si está aquí tratando de averiguar cómo poner en orden su vida, no nos preocupemos por su comportamiento todavía. Conectémoslo primero a Jesús, y Él lo cambiará de adentro hacia afuera, en vez de que usted trate de ajustar su comportamiento de afuera hacia adentro. Dele su pecado a Jesús, ya que Él murió por su pecado. Él resucitó por su pecado. Reciba de Él un corazón nuevo y vida nueva, para que pueda ser un buen árbol que produce buen fruto. El fruto del Espíritu es: amor, gozo, paz, paciencia, paz, benignidad, mansedumbre, dominio propio, lo que menciona Gálatas.

Les daré una analogía, una ilustración. Fue algo que me alentó mucho esta semana. Estoy visitando varios campus de Mars Hill. Como nos reunimos en diferentes localidades, fui a la Universidad de Washington y me quedé ahí todo el día. Había una chica maravillosa, genial, asombrosa y me infundió mucho ánimo hablar con ella. Me dijo, “Pastor Mark”, alzó la mano, en un cuarto lleno de gente, de líderes. Me dijo, “tengo un ministerio de mujeres”. Y me dijo, “Mi ministerio nace del hecho que vivía de cierta manera. Los jueves, viernes, sábados, o lo que sea, me vestía. Salía. Me emborrachaba, y dejaba que los tipos me destrozaran, después llegaba a la casa y me ponía a llorar. Y después volvía a hacerlo, y lo hice semana tras semana por no sé cuánto tiempo, un año, dos, tres años, o lo que sea”. Y me dijo, “Ahora ya no hago esas cosas, y tengo un corazón para las chicas que son así, que se visten, se emborrachan, y se dejan abusar. Así que les cuento mi historia, y ellas vienen a mí; quieren que ore por ellas, que les hable, y que les ayude. De ahí que necesite mucho más entrenamiento en consejería bíblica”. Fabuloso. Mejor dicho, tiene convicción y denuedo. Habla sinceramente de su vida, y eso me parece fabuloso. Fue bautizada aquí durante la Pascua, hace algunas semanas.

Así que le pregunté, le dije, “¿Qué les dice a ellas? Me dice, “Esto es lo que les digo, Amo al Espíritu Santo porque me ha cambiado”. Es una excelente respuesta. Me dijo, “Lo que solía hacer, ya no lo quiero hacer. Lo que disfrutaba antes, ya no lo disfruto. Dios me sacó de la trampa en que me encontraba. Fui librada y redimida de la esclavitud que me tenía atada”. Me dijo, “Soy una nueva persona. Ya no pienso como solía pensar. No me porto como solía portarme, y no soy yo quien lo hace, es Dios. El Espíritu Santo me ha cambiado”. Y me dijo, “Ahora le estoy contando a todo el mundo que el Espíritu Santo cambia a las personas”. Genial. Le pregunté, “¿Hace cuánto sucedió esto?”. Y me dijo, “Hace dos meses”. Hace dos meses, increíble.

Y eso es lo que Jesús está diciendo aquí. De acuerdo, ella no vino a la iglesia en busca de la religión diciendo, “Tengo un manzano muy malo, ¿qué tengo que hacer para pegarle unas naranjas con cinta adhesiva de tela?”. Entró, y Dios le dijo, “Un árbol nuevo, hasta las raíces; una nueva persona, una nueva vida. Vas a volver a empezar”. Así es nuestro Dios. Así es nuestro Dios.

Así que permítanme hacerles la cuarta pregunta, ¿cómo está su vida? ¿Qué clase de fruto está cosechando? ¿Está cosechando destrucción, locura, necedad, independencia, egoísmo, superioridad moral, orgullo, y desesperanza? ¿O tiene amor, gozo, paz, paciencia, bondad mansedumbre, dominio propio? Puede que algunos de ustedes no sean cristianos. Puede que sean personas religiosas, espirituales, personas morales, pero nunca han venido a Jesús para que les dé un corazón nuevo. Por eso deben acudir a Jesús esta noche en oración, a pedirle literalmente, “Jesús, dame un corazón nuevo. Antes de que pueda cambiar alguna cosa, necesitas cambiarme al centro, en la suma esencia de quien soy. Señor Jesús, desarraiga mi vieja vida y plántame en ti”. Él lo hará, y lo hace.

Eso explica su vida entera de algunos de ustedes. Por eso es que tienen tantos problemas. Están tratando de vivir la vida cristiana, pero sin Cristo, y eso ni siquiera es vivir la vida cristiana, porque se trata de Cristo que vive en y por medio de nosotros.

5. La verdad, más la obediencia, es igual a un cimiento firme, y sólido como una piedra.

Y Él lo resume todo, gloriosamente, de esta manera: Quinto: la verdad, más la obediencia, es igual a un cimiento firme, y sólido como una piedra. Lucas 6:46: “¿Por qué me llamáis Señor, Señor”, dice Jesús, “y no hacéis lo que yo digo?”. Es una buena pregunta. “Eres el Rey, eres el Jefe, tienes razón, eres perfecto, eres veraz, y yo no estoy de acuerdo contigo”. ¿Cómo? ¿No está de acuerdo con Él? ¿En serio? Cada vez que pecamos, eso es lo que decimos con nuestra obras.

“Todo aquel que viene a mí…”. Por lo tanto lo primero que les diría es, tienen que venir a Jesús. ¿Quieren venir a Jesús? Por favor vengan a Jesús. “Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras…”, o sea la verdad, “y las hace…”, o sea la obediencia, “os indicaré a quién es semejante”. Y Jesús nos da una analogía sensacional. “Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca. Y cuando vino la inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca. Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre la tierra, sin fundamento; contra la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó, y fue grande la ruina de aquella casa”.

Esto es lo que está diciendo: Hay dos maneras de construir una casa: con fundamento o sin fundamento. El fundamento que está puesto sobre la roca estará bien. Una casa sin fundamento, o que está puesta sobre la arena movediza, al fin y al cabo será destruida . Por eso es que si va al banco y dice, “Me gustaría comprar una casa sin fundamento, que está sobre la playa”, no le aprobarán el préstamo. Se reirán de usted, pero no le darán un préstamo. Es solo cuestión de tiempo para que esa casa deje de existir.

Y esto es lo que Jesús está diciendo: los problemas, las luchas, la confusión, las dificultades, y las carencias vendrán. Perderá su trabajo. Se enfermará. Tendrá problemas. Eso es lo que dice Jesús. En este mundo tendrán tribulación. Eso es lo que dice, por lo tanto no ordenen sus vidas de tal manera y digan, “¿Saben qué, todo estará bien, siempre y cuando nada me salga mal”. Algo le va a salir mal. Eso es lo que está diciendo. Una tormenta vendrá. Carencias, pruebas, luchas… usted chocará contra algo. Algunos de ustedes están desatendiendo el fundamento sobre el que construyen sus vidas. El primer principio es su iglesia, sus amistades, su teología, su doctrina, su relación con Cristo, su vida de oración, leer la Biblia, ¿hasta qué? Viene la tormenta, y usted está en un río tratando de ponerle fundamento a la cosa. Se está haciendo tarde. Los amamos. Queremos lo mejor para ustedes, y recuerde, es su vida. Puede echarle la culpa a otros. Puede hacer excusas. Puede inculpar a alguien. Puede echarle la culpa a sus padres. Puede criticar a la cultura. Puede esperara a que un oficial electo empiece a regalar fundamentos gratuitos a todo el mundo, o como adulto, podría responsabilizarse y decir, “Mi vida, mi fundamento, mi responsabilidad”.

¿Su problema tiene que ver con la verdad o con la obediencia? ¿Su problema tiene que ver con la verdad o con la obediencia? Jesús dice, “Todo aquel que oye mis palabras”, ¿cierto? Esa es la verdad. Jesús dice en otra parte, “Santifícalos en tu verdad, tu palabra [las Escrituras] es verdad”. ¿Su problema tiene que ver con la verdad? No está asimilando suficientemente la verdad. No está leyendo su Biblia. Porque la verdad proviene de las Escrituras. La verdad proviene de la convicción del Espíritu Santo. La verdad también viene de las buenas amistades que nos dan buenos consejos; gente que está dispuesta a mostrarnos el lado ciego o donde somos hipócritas. Podemos obtener la verdad al leer buenos libros, al oír buenos maestros.

¿Su problema tiene que ver con la verdad? Es decir, ¿no está asimilando mucho la verdad? Puede que lo que está asimilando sea información, pero no es la verdad. Está leyendo basura pensando que con eso podrá arreglar su matrimonio y su vida. ¿Su problema tiene que ver con la verdad? Está creyendo mentiras, cosas que no compaginan con las Escrituras. ¿Su problema tiene que ver con la verdad? Dios dice una cosa, pero otra persona dijo otra cosa, y ahora tiene un conflicto. Permítame darle un buen consejo. No crea todo lo que piensa. De acuerdo, medite en ello. No crea todo lo que piensa. Si es propenso a la ceguera y a la hipocresía, algunas cosas que usted piensa son equivocadas, así que necesitará alguien que le inculque la verdad, porque hay locura y error en su vida.

¿Su problema tiene que ver con la verdad, o con la obediencia? Usted sabe lo que tiene que hacer, pero simplemente no lo hace. Santiago, el hermano de Jesús, parafraseando esto mismo en la epístola que lleva su nombre, dice “Pero sed hacedores de la Palabra, y no tan solo oidores, engañándoos a vosotros mismos”.

Y permítanme decirles que la consejería puede ser difícil, pero básicamente la consejería consiste en hacer tres preguntas, y soportar un silencio incómodo. Les diré cuales son: La gente viene a mí, y lo primero que les pregunto es: ¿cuál es su problema? Después responden y uno se queda callado, hasta que el otro se sienta un poco incómodo. La segunda pregunta es: “¿Qué le ha dicho Dios que haga?”. Y por lo general le dicen. Y usted vuelve a quedarse callado creando cierta incomodidad. La tercera pregunta es: ¿Va a hacerlo, o no? Y después se pone a orar. Esa es la consejería. De veras lo es. He aconsejado a muchas personas, y en gran parte es así.

Les daré algunos ejemplos: Un tipo muy gordo vino hace poco. No estaba en buen estado físico. Tenía problemas de obesidad. Entró, lo miré y le dije, ¿qué problema tiene? Y me dice, “Es que soy gordo”. De acuerdo, lo es. ¿Qué le ha dicho Dios que haga? "Mire, he orado mucho sobre esto, y he estado leyendo cosas sobre el tema, y creo que la comida es un ídolo para mí; creo que Dios quiere que coma menos y haga más ejercicio”. Está bien, me parece bien. ¿Va a hacer eso? Y me dice, “estoy orando sobre ello”. “¿De veras? ¿Está orando sobre qué? ¿Si lo hará o no? Mire, para que lo sepa, usted no va a adelgazar orando por su problema. Solo va a adelgazar cuando obedezca lo que Dios le dijo”. De hecho me preguntó, me dijo, “¿Hay versículos en la Biblia que hablan de perder peso? Pues no puedo decirle que vaya y lea “primera y segunda de Dietética”. ¿Sabe? Creo que solo necesita comer menos y hacer más ejercicio. Si eso fue lo que Dios le dijo, hágalo, porque me parece una excelente idea. Podría poner unas bayas de acacia en su helado de chocolate, pero eso no le ayudará mucho, ¿no es cierto?

Hablé con una señora, esto es asombroso. Me dijo, “Tengo problemas en mi matrimonio. Mi marido está muy abatido. Está deprimido. “De acuerdo. ¿Y qué le está haciendo?”,para saber qué hacía. Y me dice, “Es que lo fastidio mucho, muchísimo”. “De acuerdo. Está bien, ¿entonces cuál es el problema? Él está deprimido y usted lo fastidia mucho, y él se deprime, y usted lo fastidia porque se deprime, y no ha hecho sino empeorar la situación, ¿no es así? Está bien, ¿y qué le dijo Dios que hiciera? Dios me dijo que cuando empezara a irritarme, que orara por él, y que dejara que le diera al Espíritu Santo una pequeña oportunidad de ayudarle antes de empezar a criticarlo. Y después si Dios no logra comunicarse con él, tal vez entonces pueda decirle algo cariñoso”. “Me parece muy bien. ¿Y lo va hacer? Y me dice, “Pues no sé, es que me irrita tanto”. Está bien, solo quería saber lo que iba a hacer. Mándelo para acá y yo lo sostendré para que llore. Podemos leer el libro de Lamentaciones, pero no tengo un plan secundario para usted. Las cosas le van a ir mal.

Entra una señorita, “Pastor Mark, soy cristiana, pero mi novio no es cristiano. Estamos saliendo juntos … más o menos. Es una relación bastante seria. Estamos durmiendo juntos. Creo que queremos vivir juntos”. “Ahí está el problema. De acuerdo, ¿y qué le ha dicho Dios que haga?”. “Me dijo que no quería que saliera con él”. Y le dije, ‘de acuerdo’. Tercera pregunta, “¿Entonces qué va a hacer? Me dice, “Pues estoy orando para que se convierta a Cristo”. ¿De veras? ¿En serio? ¡Ah! “Pastor, ¿podría hablar con él?”. “Sí, yo podría hablar con él, pero que tal si usted obedece a Dios primero, y después hablo con él?”

Esto es lo que hacemos. Nos reímos de las personas, y después el Espíritu Santo les diría que ustedes hacen lo mismo, y yo también. Para algunos de nosotros es cuestión de la verdad. Es que no sabemos de qué estamos hablando. Para otros es un problema de obediencia. Sabemos exactamente lo que tenemos que hacer. Y algunos de ustedes vendrían aquí a decirme, “Está bien, deme un nuevo versículo y un nuevo sermón, deme un nuevo libro, deme esto o aquello”, pero quizás lo que usted necesita es obedecer la enseñanza que ya ha recibido para que Dios pueda enseñarle algunas cosas más adelante, pero ahora, usted ya sabe lo que debe hacer, así que hagamos eso primero.

Por lo tanto déjeme hacerle una pregunta: ¿Qué le ha señalado el Espíritu Santo? ¿Hay verdades que necesita aprender, o algo que debe obedecer ? ¿Qué necesita? No sé lo que sea. El Espíritu Santo lo sabe, y Él le dirá. Se lo está diciendo en este momento. Confío que lo hará.

Así que para cerrar, queremos inculcarle la verdad. Queremos que la obediencia fluya en usted. Si no tiene una Biblia, recoja una a la salida. Nos encantaría regalarle una. Si desea estudiar, le diré esto, de veras necesita estar en comunidad. Pasará 20, 30, 40, 50 años solo, si está obcecado por su propia ceguera, y es un hipócrita en su propia hipocresía, necesitará personas especiales en su comunidad que le ayuden a acercarse a Jesús. Por eso tenemos comunidades. En los grupos comunitarios es donde hacen eso: se reúnen cada semana, casi siempre después del sermón, y hacen convivencias. Hay centenares de grupos. Algunos por todo el Estrecho Puget, algunos por allá en Albuquerque. Donde quiera que esté su campus, donde quiera que viva o trabaje, encontraremos uno cerca de usted.

Porque esto es lo que queremos hacer: No queremos solo juzgarlos y señalarles algunas cosas en sus vidas que tienen que arreglar, y después condenarlos, y decirles, hasta aquí llegamos. Buena suerte, hagan lo que quieran”. No, queremos invitarlos a una comunidad. Queremos decirles que vengan a Jesús, que vengan a los grupos comunitarios. Que consigan una Biblia. Que reciban materiales cristianos que les ayuden a leer la Biblia. Permítannos ayudarles, les amamos. Nuestra meta no es destruirlos, nuestra meta es servirles. Nuestra meta no es condenarlos, nuestra meta es estar a su lado, y ese es el corazón de Mars Hill. Así que si desea un don gratuito, y le encantaría participar en un grupo, aquí está la oferta, ahí tienen la presentación. Los amamos. Conéctense. Conéctense.

Dios Padre, te pido por cada uno de nosotros individualmente, Señor mi Dios, que perdonemos, que seamos dadores, que nos guiemos a nosotros mismos, que seamos buenos árboles que producen buen fruto, con vidas y legados construidos sobre el fundamento sólido de Jesucristo. Te pido también, Señor mi Dios, por los que no son cristianos, que les des un corazón nuevo, para que vivan una nueva vida como personas nuevas. Pido, Señor mi Dios, por los que están ciegos a su propia ceguera entre nosotros, y por los que son hipócritas ante su propia hipocresía, que el mensaje nos haga sentir devastados, y a la vez nos inste a recibir la gracia que necesitamos para hacer los cambios necesarios, a fin de que Tú recibas la gloria que te es debida. En el nombre de Jesús. Amén.

[Fin del Audio]

Nota: Esta transcripción ha sido editada.